17 abril, 2016

Borges y el Teatro en [Tema del Traidor y del Héroe]

Borges y el Teatro en [Tema del Traidor y del Héroe]

Borges, como un conocedor de teatro, que no era, nos deja ver sin embargo a lo largo de muchos de sus textos, una atesorada sensibilidad de lo teatral y lo metateatral, en pasajes y textos completos que logran sobrecogernos. En el “Tema del Traidor y del Héroe”[1], Borges llega más lejos que nunca, como un versado prestidigitador de la escena, que ya dijimos que no era, convirtiendo de la nada, digamos del “espacio vacío” de Peter Brook[2], pues el texto sabemos es un hipotético, escasamente un argumento, un tema apenas imaginado, que quizá escriba el autor, o los autores en el futuro, ya que “faltan pormenores, rectificaciones y ajustes”, y como si fuera poco en este juego de intangibles, hay zonas que no le fueron reveladas aún a este hacedor. Pero la historia contra todo los pronósticos comienza a urdirse, a “vislumbrarse” como si el narrador echando mano de otra técnica actoral, se hubiera lanzado al escenario en acto improvisativo, y se dejara llevar por la pulsión escénica, sin perder el hilo, procurándose en ese devenir un boceto general del texto que tal vez “ponga en escena”, y que por ventura escriba. Y aquí nos encontramos, no con los espejos Borgeanos y los laberintos, previsible encuentro, aunque si con algo de lo que ellos significan, pues ciertamente el autor que vemos improvisar en el escenario, que creemos posa de diletante, que nos ha desconcertado desde el principio, continuará hasta el final, y aún después del final, con posdata incluida, paralizando y desquiciando voluptuosamente nuestro sentido de comprensión; nuestro actor improvisador urde una escena que va a quebrantar el circunscrito espacio del  teatro a la italiana, proyectando el escenario y dibujando líneas de fuga que dan la perspectiva requerida para que de teatro haga también la ciudad entera, y los actores sean legión, y solo la escena central, coronada por la muerte del traidor que es el héroe, o el héroe que es el traidor, sea la única actuada en el teatro, y el drama entero abarque muchos días y muchas noches.

La historia que permanece en estado de latencia, pues no comenzando ha comenzado ya, transcurre y no transcurre, en una suerte de relato cuántico publicado en la revista Sur en 1944, en los albores en que empezábamos a sospechar que físicamente era posible este fenómeno de las partículas en el indeterminado universo de lo infinitesimal.

Borges sigue ensayando, sabe que la acción debe transcurrir en un “país oprimido y tenaz, que puede ser Polonia, Irlanda, la república de Venecia, algún estado sudamericano o balcánico”, al final se decide por Irlanda,  y aquí nos hace tres revelaciones , que nos remiten a  las tres unidades clásicas de tiempo, acción y lugar, nos dice que la acción ha transcurrido ya al promediar o empezar el siglo XIX, luego como por decir una fecha, dice 1824 , señala que hay un narrador, contemporáneo, derivamos que no es él, que narrará la historia, y que por “comodidad narrativa” ésta transcurrirá en Irlanda; dicho narrador llamado Ryan, es el bisnieto de Fergus Kilpatrick, un conspirador, nos indica Borges “un secreto y glorioso capitán de conspiradores”, se trata del héroe, asesinado por una bala en un teatro, y cuya muerte acaecida en la “víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado y soñado”, aseguró y definió la emancipación final de la patria. Ryan ad portas del centenario de la muerte de su bisabuelo, trata de escribir una biografía del héroe, pero su deceso enigmático, pues nunca se pudo encontrar al culpable, está entrecruzado por circunstancias y pormenores que parecen repetir la historia del procónsul  Julio Cesar, la consabida carta y el consabido memorial que uno y otro no leyó, “desoyendo la admonición del augur”, y otras eventualidades que hacen que Ryan, en similar sintonía metafísica con el otro detective Erik Lönnrot de “La muerte y la brújula”, lean más que lo que deben leer, extrapolen demasiado, o simplemente lean mal; Ryan adjudica las coincidencias a misteriosas simetrías, secretas formas del tiempo o a la doctrina de la transmigración de las almas; pero cuando se encuentre con la extraña sentencia de muerte a un traidor, cuyo nombre ha sido borrado, y cuya firma suscribe su piadoso bisabuelo, y no siendo poco terminé descubriendo que  ciertos parlamentos de Macbeth, la tragedia de Shakespeare, fueron repetidos por un mendigo que conversó con Kilpatrick el día de su muerte, el estupor será total. Decimos con Borges, el texto en negrilla es mío:

“Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura dramática-el teatro- es inconcebible”. Y sí, aunque Borges no lo precisa, la literatura a la que alude la afirmación archiconocida del autor, es a la dramática, la literatura dramática, son Julio Cesar y Macbeth, es Shakespeare quien ayuda a tramar esta contra-conspiración, la de Alexander Nolan, el más antiguo de los compañeros del héroe, el que convenientemente para los presupuestos borgeanos, ha traducido al gaélico los principales dramas de Shakespeare, y convenientemente también tendrá que plagiar al autor inglés, cuando “urgido por el tiempo”, ante la descomunal empresa escénica que ha emprendido con el magno propósito de ejecutar al traidor asesinando al héroe -previamente descubierto- Fergus Kilpatrick, el mismo héroe idolatrado por Irlanda, que ha dirigido la insurrección, que ha firmado su propia sentencia, y que ha implorado que su castigo no perjudique la patria, y que ahora va a morir de una manera dramática, apresurando la rebelión e incentivando el imaginario popular de generaciones futuras que repetirán la historia de la emancipación de la patria sin la macula de la traición. 

De teatro sirvió la ciudad entera, y Nolan, en su impostura de dramaturgo recurrirá a una soberbia puesta en escena inspirada, dice Borges, en los Festpiele de Suiza, “vastas y errantes representaciones teatrales, que requieren miles de actores y que reiteran episodios históricos en las mismas ciudades y montañas donde ocurrieron.” Centenares de actores colaboraron con el protagonista, Borges explicita a tres actores, el méndigo pronunciando un texto de Shakespeare, el traidor Kilpatrick jurando colaborar (actuar) en “ese proyecto que le daba ocasión de redimirse” y el asesino abaleando desde el palco de “funerarias cortinas” a Kilpatrick, el héroe. Podríamos aventurar aquí que si esos cientos de actores, no sumaban la totalidad de los participantes en esta singular representación, el resto de actores sin previo ensayo, que se incorporaron a la acción dramática, como en el teatro de Boal[3], o como en tantas “representaciones” a las que habrá de asistir un hombre, sin saberlo, a lo largo de su vida, fueron actores y público, espectadores aportando desde su rol de ciudadanos y rebeldes, a este teatro, de muy probable estructura aristótelica; planteamiento, nudo y desenlace, cuyo final abruptamente, en travesía brechtiana de lo catártico y emocional, a lo racional e inquebrantable, garantizaría el golpe, la tan anhelada revolución de esta Irlanda borgeana.

Kilpatrick, no solo accedió a subirse al escenario, sino que asumió con gran decoro su actuación, quizá porque era auténtica, venida de una rebeldía irrevocable, hija de su siglo, esa que no admite sumisiones ni claudicación; y vemos a Kilpatrick “arrebatado por ese minucioso destino que lo redimía y que lo perdía; más de una vez” se sobreactúo, “enriqueciendo con actos y palabras improvisadas el texto de su juez”, asumió con rigor e impecabilidad su auténtico rol de héroe, incluso en el último momento “apenas pudo articular, entre dos efusiones de brusca sangre, algunas palabras previstas”, en una obra que rebasaría sin duda la estructura de la semiótica teatral de Greimas o de Ubersfeld, pues sino ¿ Cuál sería el modelo actancial de una historia que implicara al mundo que llamamos real ?.

Al contrario del intempestivo Peer Gynt, personaje de Ibsen, que discernía que en su calidad de protagonista no podía morir en el tercer acto, Kilpatrick sabía que en cualquier escena, él encontraría la muerte, no la provisoria muerte de la escena, sino la auténtica muerte, la que no dejaría que en el acto final se pusiera de pie para recibir las ovaciones, porque la catarsis –esto no lo podía saber Kilpatrick- no tendría lugar en el teatro. Como lo ponderara Bertolt Brecht, la catarsis en el teatro malograría la acción revolucionaría, pero a diferencia del teatro de Brecht, este teatro de Nolan o de Borges, descartaría para sus fines el Distanciamiento Brechtiano[4], los actores asumirían sus personajes a lo sumo, a la luz del naturalismo stanislavskiano, y así la empatía con el protagonista, el caudillo, el héroe, el idolatrado Kilpatrick, llevaría a las hordas, al pueblo irlandés a volcarse al escenario de la representación real o que llamamos real, y la liberación sobrevendría sin defecto.
   
Así, en sobreactuada exégesis, podríamos decir que Nolan en su furor escénico y en una suerte de Deux ex machina salva el drama real, y en desdoblamiento o estructura de espejo será Fergus Kilpatrick quien salve la independencia, y la salve dos veces, desde su rol de héroe, y su rol de traidor, dado que es él, el que lidera la insurrección en su calidad de héroe, y asegura la victoria en su calidad de traidor. Para salvar a Irlanda “pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia”[5], eligió un ínfimo destino ser Judas, el traidor, apoyando quizá “el concepto del mundo como sistema de precisas compensaciones”, como un artífice más de los muchos que a través del tiempo obraron “el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos”.[6] O escabrosamente cualquiera pueda entender que Fergus Kilpatrick es tan solo un títere más en el tinglado universal del siniestro, execrable y recurrente escenario político en temporada de funciones permanentes, en cualquiera de las geografías del orbe.

Lo que no tiene duda es que es Borges en el rol de dramaturgo, en su posición de Destinador, de una hipotética historia que permanece en estado de latencia desde 1944, pues comenzando no comienza, transcurriendo no transcurre nunca, ya que es escasamente, recordemos: un argumento, un tema apenas imaginado, que quizá escriba el autor, o los autores en el futuro, dado que “faltan pormenores, rectificaciones y ajustes”, y como si fuera poco en este juego de intangibles, hay zonas que no le fueron reveladas aún a este hacedor. Pero ¿Si el narrador no ha contado la historia, quién sí la cuenta, o quién anuncia que se va a contar? ¿Se trata de un narrador arquetipo, un dios literatura que bosqueja argumentos a mano alzada? ¿En qué tiempo sigue latente esa historia que aún no se ha narrado? Es Borges, desde aquel 24 de agosto de 1986, fecha de su muerte, quien sigue proyectando el escenario del teatro y dibujando líneas de fuga que dan la perspectiva requerida en el espacio-tiempo, para que de teatro haga también la “ciudad entera”, y los actores y los lectores seamos legión y esta representación no termine, y su literatura continúe en nuestra temporalidad, y así prolongue su acto improvisativo, sus intervenciones dimensionales, sus performancias, enviándonos posdatas pretéritas y futuras, con mensajes que ratifican o desenmascaran destinos, como el del manuscrito de 2013, hallado en la Biblioteca Nacional de Argentina, a sesenta y nueve años de su inasible “Tema del traidor y del Héroe”; de su puño y letra en un pequeño folio de seis líneas, hallado entre las páginas del número 112 de la Revista Sur, el cual constituiría un nuevo final para el texto. Y aunque siempre habíamos leído ese enigmático final del “Tema del traidor y del héroe”, lo que no sabíamos, era que Borges había corregido su texto, una vez publicado provisionalmente en Sur.  La complicidad atemporal que tiene este hallazgo, que pliega de alguna manera el universo, es que nos alude como los lectores futuros que somos, como esas personas del porvenir que quizá demos con una verdad, entreverada. Yo espero haber aludido siquiera de alguna forma, una verdad tangencial. Ahora pongamos en voz el manuscrito hallado, y procedamos a no parar de releer a Borges.

“En la obra de Nolan, los pasajes imitados de Shakespeare son los menos dramáticos; Ryan sospecha que el autor los intercaló para que una persona, en el porvenir, diera con la verdad. Comprende que él también forma parte de la trama de Nolan... Al cabo de tenaces cavilaciones, resuelve silenciar el descubrimiento. Publica un libro dedicado a la gloria del héroe; también eso, tal vez, estaba previsto”


Ana María Rivera Salazar ©



En Estancia Artística
“Pabellón de la Límpida Soledad
tras el rastro de Ts'ui Pên"
Reserva Forestal Ambeima
Villa Restrepo, marzo de 2016.
[Primer prototipo]






[1] “Tema del traidor y del héroe” del libro “Ficciones”
[2] Director de teatro inglés, uno de los más revolucionarios e influyentes del teatro contemporáneo.
[3] Dramaturgo, escritor y director de teatro brasileño, conocido por el desarrollo del Teatro del Oprimido, método y formulación teórica de un teatro pedagógico que hace posible la transformación social. Su estética tiene influencia del Teatro Épico de Bertolt Brecht. El Teatro Invisible es una forma de teatro social y político, representada en un contexto real fuera del escenario, como la calle o un centro comercial, en la que el público no identifica a los actores como tales, y termina haciendo parte de la representación
[4] Ricardo Piglia en “Respiración artificial” dice que Brecht retomo este término de “distanciamiento”, de los formalistas rusos y su “ostranenie” que traduce “extrañamiento”.
[5] Borges en “Las tres versiones de Judas” del libro “Ficciones”
[6] Borges en “ El Inmortal” del libro “El Aleph”

16 abril, 2016

Borges y el Teatro en [La Busca de Averroes]

Borges y el Teatro en [La Busca de Averroes]

El teatro ese arte de lo micropresente[1], que reclama en su ejecución la exacta temporalidad de lo que está aconteciendo, que solo colma y ratifica el infraganti, el ipso facto gerundio, ese que siempre estará en estado de inminencia de una revelación que se está produciendo, que no la describe el actor, que nos la deja ver, no en un ahora sino en un ya continuo; el consabido efecto actualizador del hecho teatral en el proceso de recepción de la obra. Por eso para el que no ha sido nunca espectador del hecho teatral, se hace difícil o imposible la transmisión de una experiencia que no admite el diferido, pues una vez el telón haya caído y alguno intente reproducir el acontecimiento de la escena-esa liturgia de la imagen-solo logrará internarse inútilmente en el ámbito de lo narrativo y lo referencial.

Para un hombre, no solo del medioevo, sino venido de la tradición islámica, Averroes[2], el filósofo musulmán de la Andalucía del siglo XII, [leo en español a Borges, que lee en inglés a Averroes, que lee a Aristóteles en árabe, a través de un traductor de un traductor del griego], la diametral distancia que lo separa en diecisiete siglos de la comedia y la tragedia humana, vertida ésta a través de enunciaciones, roles, metáforas visuales y auditivas, entonaciones, gestos, sintaxis, acciones y ordenamientos de la escena, le impiden acercarse a los dos conceptos griegos que inauguran el teatro occidental, el cual le es completamente desconocido,  pues su fundamento, el de representar, riñe con la fe ortodoxa suya, que no admite la adoración de imágenes; sabe bien que “toda representación de una cosa viva comparecerá ante el Señor, el día del Juicio Final. Los ángeles ordenarán al artífice que la anime; éste fracasará y lo arrojarán al Infierno, durante cierto tiempo”[3] como ha dicho Mahoma.                                                     

Tragedia y comedia, palabras “arcanas pululaban en el texto de la Poética”, y Averroes, el sabio, solo atina ante la limitada referencia libresca que mengua la vital experiencia de lo teatral, a traducir finalmente como panegírico, a la primera, y sátiras y anatemas a la segunda. Paradójicamente, Borges nos hace saber cuán cerca podría haber estado el filósofo de encontrar la traslación acertada de los singulares términos, a través precisamente del abandono de la pluma, del oficio de escribiente que lo ocupa en ese momento, para dejarse distraer por el mundo que transcurre afuera, en su cotidiana Córdoba, la de su “atareado Guadalquivir”, la de cientos de escenas que se entrecruzan en el populoso emirato que habita, donde justo bajo su balcón Averroes asiste sin saberlo a una “doble función”, a través de la matriz que antecede a la poética de la escena teatral, pero que se constituye como basamento esencial del teatro: el ritual, la mímesis y el juego. Dos niños juegan a imitar la liturgia islámica; “Uno, de pie en los hombros de otro, hacía notoriamente de almuédano; bien cerrados los ojos, salmodiaba No hay otro dios que el Dios. El que lo sostenía, inmóvil, hacía de alminar; otro, abyecto en el polvo y arrodillado, de congregación de los fieles.” Dice Borges que el juego de los niños duró poco, terminó en disputas, con dialecto grosero, todos querían ser el almuédano, nadie la congregación o la torre. [Ya sabemos por qué el juego duró poco, quizá una fácil alusión, un guiño, a esa condición cada vez más actual del arte, esa que nos habla de la desproporción cuantitativa de hacedores y lectores-espectadores]. Averroes no puede leer los signos, bajo su atalaya, más allá de escuchar “una suerte de melodía”, no puede extrapolar la escena de los niños jugando, porque desconoce, porque no posee un marco de referencia, porque no está a su alcance ningún tipo de mecanismo decodificador, o sencillamente porque de poder o querer imaginar, no puede concebir más allá del ámbito infantil, que tenga algún sentido la duplicación del mundo real.

Y teniendo una segunda oportunidad Averroes, de nuevo no puede sospechar que sus dos grandes incógnitas le están siendo develadas, cuando el viajero musulmán Abulcásim- Al-Asharí, instado a referir alguna maravilla que le haga contrapeso al enigmático comentario de Farach, que ha proferido el de “la rosa perpetua, que se da en los jardines del Indostán y cuyos pétalos, de un rojo encarnado, presentan caracteres que dicen: No hay otro dios que el Dios, Muhámmad es el Apóstol de Dios”, decide contarles un extraño pasaje ocurrido en Sin Kalán (Cantón), en donde existe una casa de madera pintada, en la que viven muchas personas. “No se puede contar cómo era esa casa, que más bien era un solo cuarto,…”. Averroes, ni algún otro de los convidados esa noche, podrá deducir que se trata de la sala de teatro, incluso para quienes tenemos la experiencia previa de lo escénico, la descripción nos permite revisitar el espacio y los agentes de la representación.

Así continúa Abulcásim hablando del teatro, sin que lo entiendan del todo sus compañeros de cena “…un solo cuarto con filas de alacenas o de balcones, unas encima de otras. En esas cavidades había gente que comía y bebía; y asimismo en el suelo, y asimismo en una terraza. Las personas de esa terraza tocaban el tambor y el laúd, salvo unas quince o veinte (con máscaras de color carmesí) que rezaban, cantaban y dialogaban…” Todo parece indicar que han llevado en Cantón a   Abulcásim,   a ver una ópera china. “Padecían prisiones, y nadie veía la cárcel; cabalgaban, pero no se percibía el caballo; combatían, pero la espada era de caña; morían y después estaban de pie”. Ninguno de los musulmanes en esa ya perdida noche del siglo XII -en la mente de Borges- ni nosotros mismos espectadores de teatro del siglo XX y XXI, hemos sido tan conscientes de ciertas convenciones que usa la escena, las cuales aceptamos casi con obstinación, y que sin duda tienen su génesis en algún recinto o patio de la infancia, y que nos permite metaforizar con tanta fluidez, “casi instintivamente”, y ver caballos donde alguien apenas los sugiere,  y espadas de hierro, donde el ímpetu de los actores excede las espadas de caña, y llorar a oscuras al que ha caído muerto en la batalla, antes que enciendan las luces, y los actores de pie y vivos hagan la venia.

“No se puede contar cómo era esa casa que más bien era un solo cuarto,…”, “Las personas de esa terraza tocaban el tambor y el laúd, salvo unas quince o veinte (con máscaras de color carmesí) que rezaban, cantaban y dialogaban…”, qué provocadora manera de re-presentarnos Borges, el espacio de la escena, el Teatro, tal vez advirtamos, después de una vertiginosa serie de emociones y conceptos que nos embisten, y reflexionemos de otro lado sobre la sugestiva propensión humana de combinar y construir objetos disímiles a partir de percepciones iguales, y participar de universos distintos[4], como bien lo señala Borges, aun cuando la coordenada espacio temporal sea idéntica. [A la hora de la recepción de la obra sea también bienvenida esta propensión y suscite nuevas maneras de ordenamientos que polisemisen el objeto artístico]. 

“No estaban locos” continúa Abulcásim hablando sobre los habitantes de esa extraña casa en Cantón, “Estaban figurando, me dijo un mercader, una historia”. “Imaginemos que alguien muestra una historia en vez de referirla”. Figurar una historia, mostrarla no referirla, podríamos llamar a eso, una economía del concepto teatral, cuya precisión y escrupulosidad agradecemos al Poeta; no menos estás dos últimas alusiones que emparentarían con una ya antigua y recurrente analogía que acuñó el Barroco, esa de “La vida es un teatro”, y que Borges excede haciendo decir al Andalusí, como si al formular lo que dice deconstruyera con esto el teatro y la vida. Esto que va a decir Abulcásim, sobre lo que les mostraron aquella tarde las personas de la terraza, Borges enfatiza que lo dice “ayudándose con las manos”, tal y como si la palabra enunciada clamara su orfandad de sentido y demandara el énfasis al menos del gesto, cuando lo que se trata de referir ha transcurrido ya, en el ámbito de lo ceremonial, de lo efímero, de la imagen teatral: “Imaginemos que alguien muestra una historia en vez de referirla. Sea esa historia la de los durmientes de Éfeso. Los vemos retirarse a la caverna, los vemos orar y dormir, los vemos dormir con los ojos abiertos, los vemos crecer mientras duermen, los vemos despertar a la vuelta de trescientos nueve años, los vemos entregar al vendedor una antigua moneda, los vemos despertar en el paraíso, los vemos despertar con el perro. Algo así nos mostraron aquella tarde las personas de la terraza.”

Y he aquí la otra casi hermética alusión, que sigue resonando, y que tendría que ser objeto de un juicioso capítulo, y que en todo caso no deja de inquietar nuestra retraída jurisdicción estética; ¿Habla Borges acaso de un arquetipo, de una especie de actor creador, de un mecanismo de creación narrativa que ejecuta el escritor y que tiene que ver con las técnicas actorales, algo semejante a un sí mágico stanislavskiano, que le permite al escritor o al creador una facultad de interpretación simultánea de los personajes que escribe, haciendo más genuino el texto ? ,”Es la coincidencia o confesión del plano estético y del plano común de la realidad y del arte”[5], o ¿Está hablando Borges sencillamente del único mecanismo que tiene el hombre para ser, y es no dejar de ser, seguir siendo? [Volvemos aquí al infraganti, ipsofacto gerundio que nos colma, el ya continuo]. Así dice Borges:

“Sentí, en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que yo dejo de creer en él, "Averroes" desaparece.)”


Ana María Rivera Salazar ©

En Estancia Artística
“Pabellón de la Límpida Soledad
tras el rastro de Ts'ui Pên"
Reserva Forestal Ambeima
Villa Restrepo, marzo de 2016.
[Primer prototipo]




[1] O presente continuo.
[2] Texto sobre “La busca de Averroes” del libro “El Aleph”
[3] Borges en “Los espejos velados” del libro “El Hacedor”
[4] Alusión a Borges en “El Inmortal” del libro “El Aleph”
[5] Borges en “Nathaniel Hawthorne” del libro “Otras inquisiciones”

14 abril, 2016

Borges y el Teatro en [ El Pudor de la Historia]

Borges y el Teatro en [ El Pudor de la Historia]


Vivir en estado de inminencia. Inminencia de una revelación que esta vez se produce[1]; justo enunciado que podría hablarnos del adiestramiento e indagación de todo aquel que aventure tratos con la estética, con el hecho estético. Tras esas fechas, giros de tuerca, agazapadas semánticas, tergiversados sentidos que permanecen pudorosamente secretos para el temerario ordenador de fragmentos y universos: el artista, el científico, el filósofo, o sencillamente el Lector a secas, el transeúnte, el que respira -el mismo-, el que dirige y emprende el mejor de sus talentos correlacionando, extrapolando, conteniendo un variado inventario de recientes objetos que no crea, que solo circunscribe, delimita, precisa, deslinda,  como indefectible observador de llanezas, de descomunales sucesos que el olvido y la negligencia han desdibujado en un repertorio de lugares comunes , escenas vívidas que traslapan su conmoción temporal in situ, por tibios relatos, desapercibidas narraciones o distantes teorizaciones, conjeturas, especulaciones como esta que quiere discurrir, no obstante.

Por eso conmociona el alma de cualquier hacedor de teatro, al apreciar esa sensibilidad transgresora de sutil  espectador de la historia, que hace que Borges preconice para nuestro asombro y estupefacción, no el momento impar por cierto, de la aparición del primer actor, del hipócrita enmascarado del drama griego, encumbrado sobre coturno, “y trajeado de negro o de púrpura”, que compartía la escena con los doce del coro desde los tiempos de Tespis, su ejecutor , sino que ovacione desde el público, desde el lugar del Lector a secas, la aparición del segundo actor, ese que anticipa y prevé veintiséis siglos de interlocución, de diálogo, de peripatético y alternado fluir de conciencias, de palabras entreveradas dichas de memoria que prefiguraron entrañables y abominados destinos, milenios de hombres y mujeres, de días execrables y de días de gloria, que sobrevinieron cuando Esquilo, el perpetrador del deuteragonista, hiciera aparecer súbitamente, en la escena , al segundo actor, ante el desconcierto en un día de primavera, que no debiéramos haber olvidado, pues como un símbolo se fundaba al otro, y en juego de espejos se redescubría al mismo, el ser humano mirándose. Dice Borges refiriéndose al dramaturgo griego: “nunca sabremos si presintió, siquiera de un modo imperfecto, lo significativo de aquel pasaje del uno al dos, de la unidad a la pluralidad y así a lo infinito. Con el segundo actor entraron el diálogo y las indefinidas posibilidades de la reacción de unos caracteres sobre otros. Un espectador profético hubiera visto que multitudes de apariencias futuras lo acompañaban: Hamlet y Fausto y Segismundo y Macbeth y Peer Gynt, y otros que, todavía, no pueden discernir nuestros ojos”[2].  



Ana María Rivera Salazar ©



En Estancia Artística
“Pabellón de la Límpida Soledad
tras el rastro de Ts'ui Pên"
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Villa Restrepo, marzo de 2016.
[Primer prototipo]







[1] Borges dice en su texto “La muralla y los libros” : “La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético”

[2] Borges en  “El pudor de la historia” de su libro “Otras inquisiciones”

27 marzo, 2016

Borges y el Teatro [Primer Acto]

Borges y el Teatro [Primer Acto]


Vivir en estado de inminencia. Inminencia de una revelación que esta vez se produce[1]; justo enunciado que podría hablarnos del adiestramiento e indagación de todo aquel que aventure tratos con la estética, con el hecho estético. Tras esas fechas, giros de tuerca, agazapadas semánticas, tergiversados sentidos que permanecen pudorosamente secretos para el temerario ordenador de fragmentos y universos: el artista, el científico, el filósofo, o sencillamente el Lector a secas, el transeúnte, el que respira -el mismo-, el que dirige y emprende el mejor de sus talentos correlacionando, extrapolando, conteniendo un variado inventario de recientes objetos que no crea, que solo circunscribe, delimita, precisa, deslinda,  como indefectible observador de llanezas, de descomunales sucesos que el olvido y la negligencia han desdibujado en un repertorio de lugares comunes , escenas vívidas que traslapan su conmoción temporal in situ, por tibios relatos, desapercibidas narraciones o distantes teorizaciones, conjeturas, especulaciones como esta que quiere discurrir, no obstante.

Por eso conmociona el alma de cualquier hacedor de teatro, al apreciar esa sensibilidad transgresora de sutil  espectador de la historia, que hace que Borges preconice para nuestro asombro y estupefacción, no el momento impar por cierto, de la aparición del primer actor, del hipócrita enmascarado del drama griego, encumbrado sobre coturno, “y trajeado de negro o de púrpura”, que compartía la escena con los doce del coro desde los tiempos de Tespis, su ejecutor , sino que ovacione desde el público, desde el lugar del Lector a secas, la aparición del segundo actor, ese que anticipa y prevé veintiséis siglos de interlocución, de diálogo, de peripatético y alternado fluir de conciencias, de palabras entreveradas dichas de memoria que prefiguraron entrañables y abominados destinos, milenios de hombres y mujeres, de días execrables y de días de gloria, que sobrevinieron cuando Esquilo, el perpetrador del deuteragonista, hiciera aparecer súbitamente, en la escena , al segundo actor, ante el desconcierto en un día de primavera, que no debiéramos haber olvidado, pues como un símbolo se fundaba al otro, y en juego de espejos se redescubría al mismo, el ser humano mirándose. Dice Borges refiriéndose al dramaturgo griego: “nunca sabremos si presintió, siquiera de un modo imperfecto, lo significativo de aquel pasaje del uno al dos, de la unidad a la pluralidad y así a lo infinito. Con el segundo actor entraron el diálogo y las indefinidas posibilidades de la reacción de unos caracteres sobre otros. Un espectador profético hubiera visto que multitudes de apariencias futuras lo acompañaban: Hamlet y Fausto y Segismundo y Macbeth y Peer Gynt, y otros que, todavía, no pueden discernir nuestros ojos”[2].  

                                                                  ***

El teatro ese arte de lo micropresente[3], que reclama en su ejecución la exacta temporalidad de lo que está aconteciendo, que solo colma y ratifica el infraganti, el ipso facto gerundio, ese que siempre estará en estado de inminencia de una revelación que se está produciendo, que no la describe el actor, que nos la deja ver, no en un ahora sino en un ya continuo; el consabido efecto actualizador del hecho teatral en el proceso de recepción de la obra. Por eso para el que no ha sido nunca espectador del hecho teatral, se hace difícil o imposible la transmisión de una experiencia que no admite el diferido, pues una vez el telón haya caído y alguno intente reproducir el acontecimiento de la escena-esa liturgia de la imagen-solo logrará internarse inútilmente en el ámbito de lo narrativo y lo referencial.

23 febrero, 2016

Cervantes y Borges: "Mi Entrañable señor Cervantes"

Cervantes, Alonso Quijano y Borges

Sobran  pretextos para celebrar por estos  y los  restos de días que nos queden, a  Miguel de Cervantes  y a Jorge Luis Borges, que son sumados cuatrocientos treinta años de una reinventada ausencia. La siguiente en una conferencia pronunciada por Borges en 1968, en la universidad de Texas, en Austin.El texto fue recobrado por Julio Ortega y Richard Gordon, e incluido en un número monográfico de la revista estadounidense Inti. Esta traducción, la primera que se hace al castellano, fue publicada por la revista española Letra Internacional. 


Puede parecer una tarea estéril e ingrata discutir una vez más el tema de Don Quijote, ya que se han escrito sobre él tantos libros, bibliotecas enteras, bibliotecas aún más abundantes que la que fue incendiada por el piadoso celo del sacristán y el barbero. Sin embargo, siempre hay placer, siempre hay una suerte de felicidad cuando se habla de un amigo. Y creo que todos podemos considerar a Don Quijote como un amigo. Esto no ocurre con todos los personajes de ficción. Supongo que Agamenón y Beowulf resultan más bien distantes. Y me pregunto si el príncipe Hamlet no nos hubiera menospreciado si le hubiéramos hablado como amigos, del mismo modo en que desairó a Rosencrantz y Guildenstern. Porque hay ciertos personajes, y esos son, creo, los más altos de la ficción, a los que con seguridad y humildemente podemos llamar amigos. Pienso en Huckleberry Finn, en Mr. Pickwick, en Peer Gynt y en no muchos más.

Pero ahora hablaremos de nuestro amigo Don Quijote. Primero digamos que el libro ha tenido un extraño destino. Pues de algún modo, apenas si podemos entender por qué los gramáticos y académicos le han tomado tanto aprecio a Don Quijote. Y en el siglo XIX fue alabado y elogiado, diría yo, por las razones equivocadas. Por ejemplo, si consideramos un libro como el ejercicio de Montalvo, Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, descubrimos que Cervantes fue admirado por la gran cantidad de proverbios que conocía. Y el hecho es que, como todos sabemos, Cervantes se burló de los proverbios haciendo que su rechoncho Sancho los repitiera profusamente. Entonces, la gente consideraba a Cervantes un escritor ornamental. Y debo decir que a Cervantes no le interesaba para nada la escritura ornamental; la escritura refinada no le agradaba demasiado, y leí en alguna parte que la famosa dedicatoria de su libro al Conde de Lemos fue escrita por un amigo de Cervantes o copiada de algún libro, ya que él mismo no estaba especialmente interesado en escribir esa clase de cosas. Cervantes fue admirado por su «buen estilo», y por supuesto las palabras «buen estilo» significan muchas cosas. Si pensamos que Cervantes nos transmitió el personaje y el destino del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, tenemos que admitir su buen estilo, o, más bien, algo más que un buen estilo, porque cuando hablamos de buen estilo pensamos en algo meramente verbal.

14 febrero, 2016

Borges y el Amor [Un día de San Valentín]

Intervención del Minotauro de George Frederic Watts.
[ "A una tela de Watts, pintada en 1896, debo"La casa de Asterión" y el carácter de su pobre protagonista". J. L. B.]


Para un hombre como Borges, que vio con "espantoso amor, con ansiedad, con admiración, con envidia" a Paolo y Francesca unidos para siempre en su Infierno;  el que preconizará que "enamorarse era crear una religión cuyo dios es falible". A ese Borges universal que fue como cualquier otro "esa torpe intensidad que es un alma"; al Borges que sigue resonando en nuestra memoria apócrifa: "Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor"; van estos , algunos de sus textos de amor, antologados en el orden que dictan los más entrañables afectos. 

A. M. R.


Inferno, V, 129

Dejan caer el libro, porque ya saben
que son las personas del libro.
(Lo serán de otro, el máximo,
pero eso qué puede importarles.)
Ahora son Paolo y Francesca,
no dos amigos que comparten
el sabor de una fábula.
Se miran con incrédula maravilla.
Las manos no se tocan.
Han descubierto el único tesoro;
han encontrado al otro.
No traicionan a Malatesta,
porque la traición requiere un tercero
y sólo existen ellos dos en el mundo.
Son Paolo y Francesca
y también la reina y su amante
y todos los amantes que han sido
desde aquel Adán y su Eva
en el pasto del Paraíso.
Un libro, un sueño les revela
que son formas de un sueño que fue soñado
en tierras de Bretaña.
Otro libro hará que los hombres,
sueños también, los sueñen.

Del libro "La Cifra" (1981)


La Espera

Antes que suene el presuroso timbre
Y abran la puerta y entres, oh esperada
Por la ansiedad, el universo tiene
Que haber ejecutado una infinita
Serie de actos concretos. Nadie puede
Computar ese vértigo, la cifra
De lo que multiplican los espejos,
De sombras que se alargan y regresan,
De pasos que divergen y convergen.
La arena no sabría numerarlos.
(En mi pecho, el reloj de sangre mide
El temeroso tiempo de la espera.)
Antes que llegues,
Un monje tiene que soñar con un ancla,
Un tigre tiene que morir en Sumatra,
Nueve hombres tienen que morir en Borneo.

De "Historia de la Noche" (1977)


El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. 
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte 

para cantar sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, 

la noche intemporal, el sabor del sueño? 

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, 

ya el hombre se levanta a la voz del ave, 
ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, 
pero la sombra no ha traído la paz. 

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, 

la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
El nombre de una mujer me delata. 
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Del libro "El Oro de los Tigres" (1972)


Delia Elena San Marco

Nos despedimos en una de las esquinas del Once.
Desde la otra vereda volví a mirar; usted se había dado vuelta
y me dijo adiós con la mano.
Un río de vehículos y de gente corría entre nosotros;
eran las cinco de una tarde cualquiera;
cómo iba yo a saber que aquel río era el triste Aqueronte, el insuperable.

Ya no nos vimos y un año después usted había muerto.
Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa
y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación.
Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas,
la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro.
Leí que el alma puede huir cuando muere la carne.
Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior
o en la despedida inocente.
Porque si no mueren las almas,
está muy bien que en sus despedidas no haya énfasis.
Decirse adiós es negar la separación, 
es decir: Hoy jugamos a separarnos
pero nos veremos mañana.

Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, 
aunque se juzguen contingentes y efímeros.
Delia: alguna vez anudaremos ¿junto a qué río?
este diálogo incierto y nos preguntaremos si alguna vez,
en una ciudad que se perdía en una llanura, fuimos Borges y Delia.

Del libro "El Hacedor" (1960)

Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges

Tributo


[…] (Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche

fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara,

la noche en que por fin escuchó su nombre.

Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho,

un instante de esa noche, un acto de esa noche,

porque los actos son nuestro símbolo).

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo

momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. […]


Jorge Luis Borges.

De su texto “Tadeo Isidoro Cruz” del libro “El Aleph”


En mi destino Borges, vine a Buenos Aires, tras el minucioso indicio de el Hacedor, que se hizo refutador y vindicador del Tiempo; un señor del siglo XIX, que desde siempre entendió que los idiomas que recrean el universo en español y en inglés, son solo dos maneras de entablar una larga conversación por separado, con sus mayores.

Que admiraba en Wilde y en Hawthorne, una cierta y desalmada caridad literaria de prodigar argumentos e historias; a sus amigos el primero, a desconocidos el segundo; sin explicitar que otro tanto hacia él a lo largo de sus infinitos subdivisibles textos, ordenados en algorítmicas alusiones de perplejidad y asombro.

Fue Borges, un procedimiento mismo de generosidad literaria, que incluyó entre muchos, a ese otro redactor, Herbert Quain, para instarnos a cotejar el proceso de la historia ,advirtiendo un pasado que se trifurca, en multiplicidad de versiones, y en cuyas progresivas escenas preliminares, descubriríamos acaso, habernos pasado el universo entero, reproduciendo , no más que cinco o seis metáforas [ojos-estrellas, rio-tiempo, flor –mujer, atardecer – vejez, sueño-muerte] y dos historias , una que apenas alcanza los dos milenios, y otra , que no zozobra en la odisea de los tiempos, la de Nadie, que siempre está llegando.

Así, este Herbert Quain, quizá el legítimo autor de las “Ruinas Circulares” de Borges, viene a conmocionarnos con algo que siempre debimos saber, pero que el entronizamiento del ejercicio en solitario con la palabra, ha venido distrayendo, y esto es según Quain, que la buena literatura es un acontecimiento de lo más frecuente y que en cualquier diálogo doméstico se solaza; dicho en sus palabras que parecen un axioma “apenas hay diálogo callejero que no lo logre”.

Un señor argentino con bastón y metáforas, que aunque fuera en la mítica noche bonaerense el que “contara las sílabas”, sumó tantos versos, como generaciones de lunas tributadas, mediante una alta “vigilia humana”, esa que nos ha preservado, como la especie de la memoria, al concebir desde el inicio de los tiempos, y de manera especular, la empresa desmesurada y no finita, de “cifrar el universo en un libro”; el inconmensurable Libro de Arena, el cual no me quiero figurar, espantando en el sótano de la calle México, -como otro nene fantasma-; sino en las manos del “imperfecto bibliotecario: el hombre”.

Porque el libro que cambió Borges, por “el monto de su jubilación y por una de sus Biblias, en letras góticas”, sabemos que fue, “el libro de libros”, “el catálogo de catálogos”, el mismo Libro de Arena , que otros llamaron universo, y otros más, Biblioteca; y en cuyas “ilimitadas” y tal vez “periódicas” galerías simétricas, el imperfecto Bibliotecario gravita, en una suerte aritmética, de Hexágono Natal , del que esencialmente nunca parte, al cuidado de alguna porción de anaqueles y libros en humana consignación. Y es desde allí, desde su “Hexágono Carmesí”, desde donde el “Hombre del Libro”, Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, transcribe esa interminable conversación con sus mayores, y alcanza la transmutación de sus desdichas, las suyas y las del otro - las de los otros-, prescribiendo a través de sus ensayos y versos, la fecha de caducidad a la condena libresca, de la estirpe sudamericana en centenaria soledad.

Y reconfigurando a cambio, el mapa de la literatura en castellano, vuelto ahora cartografía y territorio de América; y haciéndonos entender que nuestros destinos por humildes que parezcan, entretejen “el preciso lugar en la trama del universo”, donde somos “figura y símbolo de un poema” como el destino del leopardo en el terceto de Dante, y Dante en la línea de Eliot oo de Kafka; y no menos prodigioso aún, nos convoca a un destino común, donde releer a partir de la circunstancia personal y hedónica, esas nuevas cronologías, asociaciones, correlaciones y analogías, que permiten, en la práctica, emparentar literaturas distantes en el tiempo, o recontextualizar cierta vertiente temática, y alguna vez, por ejemplo, visibilizar a Kafka como precursor de Zenón de Elea, Kierkegaard o Lord Dunsany.

Pues hasta eso nos ha dejado el Poeta, la gratuidad de celebrar justos anacronismos, como éste, de que cada escritor, en suma, cada lector [que para Borges era cada ser humano] “crea sus precursores”, y por extensión sus predecesoras escenas; equivale a decir:, que en el legítimo derecho de recrear la existencia, de indagar y tejer nuestra historiografía, zurcida con los fragmentos de una mitología personal, todos como imperfectos bibliotecarios, traducimos laboriosamente, reescribiendo el futuro presente, desde el populoso ángulo del Hexágono natal.


Ana María Rivera.

Buenos Aires, Agosto de 2013.

Este texto hace parte del libro en construcción

“Destino Borges”, libro de viaje, en busca del Poeta.

http://museodelaeterna7.blogspot.com/2013/08/al-hexagono-natal-de-borges-celebrando.html

Mi Entrañable Señor Borges

Mi Entrañable Señor Borges

Mi Entrañable Señor Borges

A la manera de Centón, o parafraseo de la obra del autor Argentino Jorge Luis Borges, y de su texto, “Otro Poema de los Dones”, he querido simular este escrito, ahora que el mismo Borges, vindica la condición del lector, y la elevaba a la condición del poeta, considerando la circunstancia del ser del poeta, como trivial y fortuita.

Así, a su memoria, a veintisiete años de su partida, el 14 de Junio de 1986 y; de estar más vivo que nunca.


Mi Entrañable Señor Borges

Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y de las causas por la diversidad de las criaturas que forman éste singular universo de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, unánime jardín de senderos que se bifurcan:

Por su Libro que es de arena, y sigue siendo Zahir, como la moneda, el astrolabio, la brújula, la veta de mármol.

Por el asombro donde otros dicen sólo costumbre y el callejero no hacer nada.

Por el leopardo, la tortuga, Argos, el tigre, la sierva blanca.

Por el universo que ejecuta esa serie infinita de actos concretos, antes que suene el presuroso timbre.

Por configurar el paraíso en forma de una biblioteca, la de Babel.

Por el sueño de Cervantes; el de Las ruinas circulares; de Shakespeare; de Coleridge; de Pedro Henríquez Ureña.

Por correlacionar el oriente y el occidente, que son en un día germano, la tierra de la mañana y la tierra de la tarde.

Por las Francés Haslam que piden perdón a sus hijos por morir tan despacio.

Por Bioy, Xul y Macedonio; Por el influjo de Chesterton.

Por la insaciable busca de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otras. Buscar un alma que mereciera participar en el universo. La historia de unas cuantas metáforas es quizá la historia universal..

Por el Idioma de los Argentinos, en el que metaforizamos casi instintivamente, queriendo no ser menos que el mundo, queriendo ser tan desmesurados como él.

Por la valerosa ignorancia del leopardo que inspira al Poeta, versos que tienen su preciso lugar en la trama del universo.

Por el verbo sagrado de Ireneo Funes.

Por Julio Platero Haedo, David Jerusalem, Pierre Menard, Herbert Quain, Hladik, Mir Bahadur Alí, Runeberg y; los Carlos Argentino Daneri, a su pesar.

Por el Elogio de la sombra y el yo plural, del otro Borges, el mismo, Joyce, Groussac, Mármol, Miltón, Demócrito, y Homero.

Por los Yahoos, que no admiten una causa tan lejana y tan inverosímil.

Por los versos que son revelación en la hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto.

Por la empresa atroz de Ts'ui Pên.

Por los arquetipos y esplendores: su centro, su álgebra, su clave, su espejo.

Porque, no le prodigaron en vano el océano, ni el sol de Whitman y; porque no gastó en vano los años, ni lo gastaron y; porque como Whitman y Francisco de Asís, escribió el Poema.

Por haber sido en la vana noche el que cuenta las sílabas.

Por el Oxímoron: Distraídos en razonar la inmortalidad. Imperiosa agonía. Melancólica vanidad .Vago horror sagrado.

Por Las Seis y una noches o, Las Seis noches y una noche.

Por ser el “Hacedor Inmortal, Vindicador Fervoroso, Ficcionador, Discutidor, El otro, el mismo: Fundador mítico de Buenos Aires”

Por el incesante y vasto universo que se apartaba de Beatriz, en ese vacuo primer cambio de una serie infinita.

Por la voz de padre, que llueve desde el pasado.

Por contemplar esa condición fortuita del ser del lector que puede devenir en el ser del poeta.

Por la fresca ancianidad, el joven amor de madre, las compartidas claridades y sombras.

Por haber convertido el ultraje de los días en una música, un rumor y un símbolo.

Porque sin “ímpetu de alas”, se salvó el poema: no cayó como otros de su sangre, en la batalla.

Por la mudable Luna y el maleficio de cuantos ejercemos el oficio de cambiar en palabras nuestra vida.

[Por el favorable azar que me depara un porvenir en el que usted ha llegado, y al atravesar el jardín no me ha encontrado muerta]

Porque en la última fecha abstracta, buscó el lenguaje de la divinidad; y su enunciación y su entonación y su sintaxis tuvieron nombre castellano.

Por los que a la manera de Hermann Soergel y Daniel Thorpe, han recibido en su momento, y en voz alta, la Memoria de Borges.

Mi Entrañable Señor Borges:

¿Qué Dios, perdido en el incesante futuro, aún lo sueña, con integridad minuciosa y lo impone a la realidad?

Eso pienso mientras digo de memoria sus versos.

Ana María Rivera

http://museodelaeterna7.blogspot.com/2011/06/mi-entranable-senor-borges.html

"Hexágono Natal" Antología Poética

Prefacio a "Hexágono Natal" Antología Poética

“[…] Cuando la vida nos asombra con inmerecidas penas

o con inmerecidas venturas,

metaforizamos casi instintivamente

queremos no ser menos que el mundo

Queremos ser tan desmesurados como él”

Jorge Luis Borges

De su libro “El Idioma de los Argentinos”

Esa respuesta connatural de metaforización instintiva, de los seres humanos, frente a los sucesos que orbitan o desorbitan la vida doméstica, como exacerbados diálogos con los que el sujeto, se equipara con el universo, prorrumpiendo a través de temporales enunciaciones, el exceso de eso otro y de sí.

La hoy reconvenida metáfora, símbolo fundacional de la cultura, que ha fundamentado los registros, los inventarios, los listados, las enumeraciones, los catálogos, los provisionales ordenamientos; donde el pensamiento analógico, que deviene de la intuición, según el sistematizador griego, o de esa otra lógica capaz de correlacionar indefinida y progresivamente esa infinitud de “cosas disímiles”, que conforman el universo, o que ya son el universo.

Es el ser que acontece en los causes no liquidados del lenguaje, ese que reconfigura la temporalidad a través de lo que se le presenta como sucesivo, y le conmina a actualizar su consonancia, a deliberarse entre la aparatosa articulación de un enunciado, mediante el cual traducir el asombro; resignificar esa exacta conmoción que siempre estará cifrada, si lo sabremos ya, en esa humana forma de procesar contingencias, de urdir contrapesos a la realidad que subyuga , y seguir consecuentemente gravitando. Así la metáfora, el oxímoron y cuanta otra variedad de abstracciones y construcciones mentales, consolidan o compensan los universos, mediante la unión, la extrapolación, o la compresencia de los contrarios; sustratos estos, con los que intenta asir, interpretar y desmesurar eso otro, que es de suyo intolerable, distando siempre de lo que fragmenta, de lo que quiere nominar a través de consabidas obstrucciones, inflexiones y no renuentes sonidos.

Aquellas impresiones que le han sido dadas vislumbrar y traducir desde su observatorio, visionario panóptico; numeroso lugar del Hexágono Natal; ese que circunscribe y alínea el número de silla y la letra de fila convenida, como palcos o plateas desde donde ver y hacer la representación, instados todos a transcribir lo que solo veremos comedidamente detrás de los ojos, en procura de reconfigurar las porciones aisladas del “ilimitado y periódico” universo, que confluye no sin misterio en esas, nuestras retinas tan fatigadas; "millones de actos deleitables y atroces", advertidos detrás de la "esfera tornasolada", la de "casi intolerable fulgor”,“ microcosmo de alquimistas y cabalistas”, desde donde el Poeta, "el bibliotecario imperfecto, el hombre", tras una visión simultánea, deviene en sucesivo traductor, en amanuense.

Por eso la condición del Poeta, es la condición de todos, seres que habiendo recibido en consignación algunos libros, no declinan sus días, ensayando alguna buena glosa que relea y reescriba -aunque avasallada por los provisionales esquemas- nuevas y estremecedoras postulaciones de la realidad; ediciones y reediciones a las cuales desea aplicarse, en el ensueño de una indagación más ecuánime, sopesando como en el verso de Hölderlin, "ese número cerrado, santo que salga puro de nuestra boca", en la menos cómoda de las formas: la primera persona, esa voz genuina que quiere y sabe decir algo fundacional, revelador o apacible, que colme esta acrecentada incertidumbre.

El Taller de Escritura Poética con Énfasis en Borges, instala hoy estas páginas que como los fragmentos que Shelley supo ver como fragmentos de "un solo poema infinito erigido por todos los poetas del orbe", cuya unidad a través de tantos disimiles libros, bien podría ser obra de "un solo caballero omnisciente", según Emerson y Valery y Borges, quienes entendieron que "la historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras sino la historia del Espíritu como productor y consumidor de literatura”.

Así, cada vez que el Espíritu habla a través de nuevos amanuenses, la "realidad de manera inconcebible copia a la literatura", y a renglón seguido un primer lector otorga a un segundo lector , la Memoria de Shakespeare, de Netzahualcóyotl, Huidobro, Vallejo; la atesorada memoria nuestra, la de Romero, Arciniegas, Gutiérrez; o la Memoria que recién acontece, la de este día: la de Sierra, Gómez, Abello ,Vanegas o Tovar.

La misma memoria de Jorge Luis Borges, "quien sabiendo decir asombro, donde otros decían solamente costumbre", sigue irrumpiendo en voz alta, a través de su libro siempre abierto:

“La memoria ya ha entrado en su conciencia, pero hay que descubrirla. Surgirá en los sueños, en la vigilia, al volver las hojas de un libro o al doblar una esquina. No se impaciente usted, no invente recuerdos. El azar puede favorecerlo o demorarlo, según su misterioso modo. A medida que yo vaya olvidando, usted recordará. No le prometo un plazo”.



Ana María Rivera Salazar

Directora

Taller de Escritura Poética con Énfasis en Jorge Luis Borges.

Premio Estímulos 2013 a Nuevos Formadores de Escritores Ibaguereños.
Secretaría de Cultura, Comercio y Turismo.

Para leer páginas interiores:

http://museodelaeterna7.blogspot.com/2014/10/prefacio-de-hexagono-natal-por-ana.html

Macedonio Fernández

Macedonio Fernández
"Yo por aquellos años lo imité hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura..." J. L. Borges

"Museo de la Novela de la Eterna"


"[...]Novela cuyas incoherencias del relato están zurcidas con cortes transversales que muestran lo que a cada instante hacen todos los personajes [...]"

"[...]Novela en que todo se sabe o al menos se ha averiguado mucho, para que ningún personaje tenga que mostrar a la vista del público que no sabe lo que le sucede o lo mantiene a aquel en la ignorancia por falta de confianza[...]"


AL LECTOR SALTEADO


"Confío en que no tendré lector seguido. Sería el que puede causar mi fracaso y despojarme de la celebridad que más o menos zurdamente procuro escamotear para alguno de mis personajes. Y eso de fracasar es un lucimiento que no sienta a la edad.

Al lector salteado me acojo. He aquí que leíste toda mi novela sin saberlo, te tornaste lector seguido e insabido al contártelo todo dispersamente y antes de la novela. El lector salteado es el más expuesto conmigo a leer seguido.

Quise distraerte no quise corregirte, porque al contrario eres el lector sabio, pues que practicas el entreleer que es lo que más fuerte impresión labra, conforme a mi teoría de que los personajes y los sucesos sólo insinuados, habilmente truncos son los que más quedan en la memoria.

Te dedico mi novela, Lector Salteado, me agradecerás una sensación nueva: el leer seguido. Al contrario el lector seguido tendrá la sensación, de una nueva manera de saltear: la de seguir al autor que salta".

Macedonio Fernández

"Tantalia el mundo es de inspiración Tantálica"


Primer momento: El cuidador de una plantita.

Él acaba por convencerse de que su sentimentalidad, aptitud de simpatía, que viene desde tiempo luchando por recuperar, está agotada, y en los sufrimientos de este descubrimiento cavila y halla por fin que quizá el cuidado de una plantita endeble, de una mínima vida, de lo más necesitado de cariño, debiera ser el comienzo de la reeducación de su sentimentalidad.

Ocurre que pocos días después de esta meditación y proyectos en suspenso, Ella, sin sospechar tales cavilaciones pero movida por una aprensión vaga del empobrecimiento afectivo en él, le envía por regalo una plantita de trébol.

Él resuelve adoptarla para iniciar el procedimiento entrevisto. La cuida con entusiasmo durante un tiempo y cada vez más se percata de la infinidad de atenciones y protecciones, expuestas a un descuido fatal, exigidas para la seguridad de la vida por un ser tan débil, al que un gato, una helada, un golpe, sed, calor, viento, amenazan. Se siente intimidado por la posibilidad de verla morirse un día por mínimo descuido; pero no es sólo el temor de perderla para su cariño, sino que conversando con Ella, cavilosos como todos los que están en la pasión, y más cuando en esa pasión uno decae, llegan a la obsesión de que exista algún nexo de destinos entre el vivir de la plantita y su vivir o el de su amor. Fue Ella la que un día vino a decirle que ese trébol fuera el símbolo del vivir del amor.

Empiezan a temer que la plantita muera y muera así, uno u otro, y lo que es más: el amor, única muerte que hay. Se ven sucesivamente, meditando en coloquios, creciendo el pavor a que se ven sujetos. Deciden entonces anular la identidad reconocible de esta plantita para que, eludiendo el mal presagio de matarla, nada haya identificable en el mundo a cuyo existir esté supeditada la vida y amor de ellos; y al par así, sitúanse en la asegurada ignorancia de no saber nunca si aquel existir vegetal que tan singularmente se había hecho parte en las vicisitudes de una pasión humana, se muere o vive. Resuelven, entonces, de noche, en un paraje no reconocible para ellos, perderla en un vasto trebolar.


Segundo momento: Identidad de una mata de trébol.


Pero la excitación que iba creciendo desde algún tiempo en Él, y el desencanto de ambos por haber tenido que renunciar a la comenzada tentativa de reeducación de su sensibilidad y al hábito y cariño de cuidar a la plantita que alboreaba en Él, se traduce en un acto oculto que realiza al retorno de esa labor de olvidación en las sombras. En el trayecto, sin que lo advirtiera de fijo pero con algún pulso de zozobra en Ella, sin embargo, Él se inclinó y cogió otra mata de trébol.

—¿Qué hacés?

—Nada.

Ambos se separaron al amanecer, quedando en Ella algo de sobresalto, en ambos el alivio de no reconocerse ya dependientes del vivir simbólico de esa plantita, y en ambos también la pavura que nos viene de todas las situaciones de lo irreparable, cuando acabamos de crear un imposible cualquiera, como en este caso el imposible de saber jamás si vivía y cuál era la plantita que fuera al principio obsequio de amor.


Tercer momento: El torturador de un trébol.


“Por múltiples modos y males me veo sin placeres ni de inteligencia o arte ni sensuales, que se brindan en torno. Me voy quedando sordo habiendo sido la música mi mayor goce; los largos paseos entre los cercos se hacen imposibles por mil detalles de decadencia fisiológica. Y así en las demás cosas…

“Esta plantita de trébol ha sido elegida por mí para el Dolor, entre otras muchas; ¡elegida! ¡pobrecita! Veré si puedo hacerle un mundo de Dolor. Si su Inocencia y su Tortura llegan a tanto que estalle algo en el Ser, en la Universalidad, que clame y logre la Nada para ella y para el todo, la Cesación, pues el mundo es tal que no hay siquiera muerte individual; el cesar del Todo o la eternidad inexorable para todos. La única cesación inteligible es la del Todo; la particular de que el que ha sentido una vez cese de sentir, quedando existente, cesado él, la restante realidad, es una contradicción verbal, una concepción imposible.

“Elegida entre millares, te tocó a ti serlo, serlo para el Dolor. Aún no; ¡desde mañana seré contigo un artista en Dolor!

“Durante tres días, sesenta, setenta horas el viento del verano estuvo constante oscilando dentro de un corto ángulo, fue y volvió de un acento y de una dirección a una pequeña variante de acento y dirección; y la puerta de mi habitación retenida en su batir entre el quicio y una silla que puse para acortar su oscilar, batía sin cesar, y el postigo de mi ventana golpeaba también sin cesar sometido al viento. Sesenta, setenta horas la hoja de la puerta y el postigo cediendo minuto a minuto a su distinta presión, y yo al par, sentado o columpiándome en la silla de hamaca.

“Parece entonces que yo me dije: esto es la Eternidad. Parece que fue por esto que veía yo, por esa formulación de hastío, de no sentido de las cosas, de no finalidad, de todo es lo mismo, dolor, placer, crueldad, bondad, que hubo nacido el pensamiento de hacerme el torturador de una plantita.

“Ensayaré —me repetía— sin intentar ya amar de nuevo, torturar lo más endeble e indefenso, la forma más mansa y herible de la vida: seré el torturador de esta plantita. Esta es la pobrecita elegida entre miles para soportar mi ingenio y empeño torturador. Ya que cuando fue mi ánimo hacer la felicidad de un trébol tuve que renunciar al intento y desterrarlo de mí bajo sentencia de irreconocibilidad, el péndulo de mi pervertida y descalabrada voluntad transporté al otro extremo, surgiendo de súbito en una mutación opuesta, en el malquerer, y alumbró prestamente la idea de martirizar la inocencia y orfandad a fin de obtener el suicidio del Cosmos por vergüenza de que en su seno prosperara una escena tan repulsiva y cobarde. ¡Al fin y al cabo, el Cosmos también me ha creado a mí!

“Yo niego la Muerte, no hay la Muerte aún como ocultación de un ser para otro, cuando para ellos hubo el todo amor; y no la niego solamente como muerte para sí mismo. Si no hay la muerte de quien sintió una vez, ¿por qué no ha de haber el dejar de ser total, aniquilamiento del Todo? Tú sí eres posible, Cesación eterna. En ti nos guareceríamos todos los que no creemos en la muerte y no estamos tampoco conformes con el ser, con la vida. Y creo que el Deseo puede llegar a obrar directamente, sin mediación de nuestro cuerpo, sobre el Cosmos, que la Fe puede mover montañas; creo yo aunque nadie otro creyera.

“No puedo reavivar el lacerante recuerdo de la vida de dolor que sistematicé, ingeniándome cada día en nuevos modos crueles para hacerla padecer sin matarla.

“Como por sobre ascuas tendrá que decir que la colocaba todos los días próxima e intocada de los rayos del sol y tenía la prolijidad de crueldad de alejarla con el avanzar de la mancha del sol. Apenas la regaba para que no muriera y en cambio la rodeaba de recipientes de agua y había inventado fieles rumores de lluvia y lloviznas vecinas que no llegaban a refrescarla. Tentar y no dar… El mundo es una mesa tendida de la Tentación con infinitos embarazos interpuestos y no menor variedad de estorbos que de cosas brindadas. El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un inmenso hacerse desear que se llama Cosmos, o mejor: la Tentación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea un hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta y niega. Mi consigna interior, mi tantalismo, era buscar las exquisitas condiciones máximas de sufrimiento sin tocar a la vida, procurando al contrario la vida más plena, la sensibilidad más viva y excitada para el padecer. Y logré que en esto el dolor de privación tantálica la estremeciera. Mas no podía mirarla ni tocarla; me vencía de repulsión mi propia obra; (cuando la arranqué, en aquella noche tan negra a mi espíritu, no miré hacia donde estaba y su contacto me fue por demás odioso). El rumor de lluvia sin alcanzarle su húmedo frescor hacíala retorcerse. ¡Vergüenza!

“¡Elegida entre millones para un destino de martirio! ¡Elegida! ¡Pobrecita! ¡Oh!, tu Dolor ha de saltar el mundo. Cuando te arranqué ya estabas elegida por mi ansia de atormentar.”


Cuarto momento: El amigo.


Vemos a su amigo Luis entrar a su habitación; y en el centro de ésta detenerse, pálido y hurgando todo en torno con la mirada, agitado.

—Venía a sacarte de aquí para distracción. Pero me he sentido aquí amenazado con un sufrir súbito. ¿Es que aumenta tu malestar?

Él, sentado como pasaba las horas espiando a la plantita reseca y helada entre él y la ventana, separada de la lluvia y del rayo de sol que unos días u otros podían regarla o calentarla, contestó:

—Como siempre.

Agitándose, Luis gritó:

—¿Pero quién sufre aquí? ¡Qué destrozarse, qué agonizar! Me voy a respirar.

Él, avergonzado, rojo de rubor, quedó retorciéndose. Exclamaba, mirando por donde partía Luis: Feliz de él, feliz, feliz.


Quinto momento: Nuevo sonreír.


La fórmula radical, íntima, de lo que él estaba haciendo miserablemente, era la ambición y ansiedad de lograr el reemplazo por la Nada de la Totalidad, de todo lo que hay, lo que hubo, lo que es, de toda la Realidad material y espiritual. Creía que el Cosmos, lo Real, no podría soportar mucho tiempo, avergonzándose de albergar en su ámbito una escena tal de tortura ejercida sobre un primer eslabón de lo viviente más frágil, por el mayor poder y dotación de lo viviente. ¡El hombre tiranizando un trébol! ¡Era para eso que había advenido el Hombre!

La irritación de lo rehusado después de ofrecido enloquece de perversidad a un hombre de máximo pensamiento. De ahí el martirio cobarde, el repugnante complacimiento del mayor poder en una alevosía a un mínimo existir.

Su pensamiento sabía la igual posibilidad de la Nada y el Ser, y creía inteligible y posible una sustitución del Todo-Ser por la Todo-Nada. Él, como el máximo de la Conciencia de Vida, como hombre y hombre excepcional en dotes, era quien podría en un refinamiento último de pensamiento haber hallado el resorte, el talismán que podría determinar la opción del Ser por la Nada; opción o reemplazo o “empujamiento afuera” del Ser por la Nada. Porque verdaderamente, dígaseme si no es así, si no es cierto que no hay elemento alguno mental que pueda decidir que la Nada o el Ser difieran en su posibilidad de darse en grado alguno; si no es totalmente posible que se diera la Nada en lugar del Ser. Esto es cierto, evidente, porque el mundo es o no es, pero si es, es causalístico, y así su cesación, su no ser es causable, aunque el resorte buscado no determinara la cesación del Ser, quizá otro la determinaría… Si el darse el Mundo o la Nada son de absoluta igual posibilidad, en este equilibrio o balanza de Ser y Nada, una brizna, una gota de rocío, un suspiro, un deseo, una idea, pueden tener eficacia para precipitar la alternativa de un Mundo de Ser a un Mundo de No-Ser.

Vendría un día el Salvador-de-Ser…

(Yo lo digo comentando, teorizando lo que él hizo, pero no soy Él)

Pero Ella vino un día:

—Dime, ¿qué hiciste aquella noche, porque yo sentí el opaco rumor de un desenraizar de matita, el sonido de la tierra que apaga el arrancar de una tierna raíz ¿Eso es lo que yo oí?

¡Y entonces: Él se sintió de nuevo en su natural después de una larga peregrinación tras de respuesta, y se echó a llorar en brazos de Ella y la amó de nuevo, inmensamente, como antes! Era un llanto que hacía diez o doce años no lograba derramarse, que hinchaba su corazón, que había querido hacer estallar el mundo, y al serle recordado el gritito, el murmullo abismante del dolorcillo vegetal, de pequeña raíz arrancada, ¡fue eso! lo que necesitó su naturaleza para que el llanto, desbordándose, lavara su ser todo y lo volviera a los días de su plenitud de amor… Un gritito sofocado de raíz doliente entre la tierra, así como pudo decidir hacia el No-Ser toda la Realidad, pudo entonces cambiar toda la vida de Él.

Yo lo creo. Y lo que cree todo el mundo es mucho más de lo que nuestro creer en esto —¿quién se mide en el creer?—; no me digáis, pues, absurdo temerario en el creer. Cualquier mujer cree que la vida del amado puede depender del marchitarse del clavel que le diera si el amado descuida ponerlo en agua en el vaso que ella le regaló otrora. Toda madre cree que el hijo que parte con su “bendición” ya protegido de males. Toda mujer cree que lo que reza con fervor puede sobre los destinos. Todo-es-posible es mi creencia. Así, pues.

Yo lo creo.

No me engaña el verbiario hinchado del plácido ideario de muchos metafísicos, con sus juicios fundados en juicios. Un Hecho, un hecho que enloquezca de humillación, de horror, al Secreto, al Ser-Misterio, el martirio de la Inocencia Vegetal por la máxima personalización de la Conciencia: el Hombre, por el máximo poder no mecánico. Un hecho tal, sin necesidad de verificación, meramente concebido por una conciencia humana, creo que puede estremecer hacia el No-Ser todo lo que es.

Concebido está; luego la Cesación está potencialmente causada; podemos esperarla. Pero la milagrosa re-creación de amor concebida al par por el autor, batallará quizá con aquélla o triunfará más tarde después de realizado el No-Ser. En verdad el continuo psicológico conciencial es una serie de cesaciones y re-creaciones más que un continuo.

Los he visto amarse otra vez; pero no puedo mirarlo a él o escucharlo sin súbito horror. Ojalá nunca me hubiera hecho su terrible confesión.

Macedonio Fernández.

Video Poema "El Sueño de Pedro Henríquez Ureña"

Video Poema  "El Sueño de Pedro Henríquez  Ureña"
(Haz Click Aquí) "El Sueño de Pedro Henríquez Ureña" de Jorge Luis Borges, del libro “El Hacedor”. En la memoria y la voz colombiana de Ana María Rivera, y la música para clarinete, piano, y pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea. Video que conforma el Recital Poético “El Aleph” en gira internacional. Cámara y Edición de Audio: Alejandro Díaz-Lamprea. Edición y Dirección :Ana María Rivera

"El oro de los Tigres"

"El oro de los Tigres"
Dibujo de Georgie [Así le decían al niño Borges en casa]

Hasta la hora del ocaso amarillo

cuántas veces habré mirado

al poderoso tigre de Bengala

ir y venir por el predestinado camino

detrás de los barrotes de hierro,

sin sospechar que eran su cárcel.

Después vendrían otros tigres,

el tigre de fuego de Blake;

después vendrían otros oros,

el metal amoroso que era Zeus,

el anillo que cada nueve noches

engendra nueve anillos y éstos, nueve,

y no hay un fin.

Con los años fueron dejándome

los otros hermosos colores

y ahora sólo me quedan

la vaga luz, la inextricable sombra

y el oro del principio.

Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores

del mito y de la épica,

oh un oro más precioso, tu cabello

que ansían estas manos.

Jorge Luis Borges. De su libro homónimo.

Video Poema "Delia Elena San Marco"

Video Poema "Delia Elena San Marco"
En la memoria y la voz colombiana de Ana María Rivera, y la música para clarinete, piano, y pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea. "Delia Elena San Marco" del libro "El Hacedor" de Jorge Luis Borges, video que conforma el Recital Poético “El Aleph” en gira internacional. Cámara y Edición de Audio: Alejandro Díaz-Lamprea. Edición y Dirección :Ana María Rivera

"Hexágono Natal" Antología Poética

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"El Oro de Los Tigres"

"El Oro de Los Tigres"
Programa del Recital "El Oro de los Tigres" 2008

Recital "Luna de Enfrente"

1.La Luna (De “La Moneda de Hierro”,1976) 2. Tú (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 3. Fragmento de Las Ruinas Circulares (De “Ficciones”, 1944) 4. Al Hijo (De “El Otro El Mismo”, 1964) 5. Everything and Nothing (De “El Hacedor”, 1960) 6. Miguel de Cervantes (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 8. Casi Juicio Final (Luna de Enfrente”,1925) 9. El Amenazado (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 10. Fragmento de “El Inmortal”(De “El Aleph”. 1949) 11. Diálogo Sobre un Diálogo (De “El Hacedor”, 1960) 12. Delia Elena San Marco (De “El Hacedor”, 1960) 13. La Trama (De “El Hacedor”, 1960) 14. Ragnarök (De “El Hacedor”, 1960) 15. Fragmento de El Informe de Brodie (De “El Informe de Brodie”, 1970) 16. La Luna (De “El Hacedor”,1960) 17. Borges y yo (De “El Hacedor”,1960) 18.Una Oración (De “Elogio de la Sombra”,1969)

María Kodama por Alejandra Crespyn A.

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Entrevista a Ana María Rivera y Alejandro Díaz-Lamprea

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"Letras de Cambio" de Ana María Rivera

"Letras de Cambio" de Ana María Rivera
Clickea foto para leer Poemas de "Letras de Cambio": http://museodelaeterna7.blogspot.com/2014/03/poemas-de-letras-de-cambio.html

Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)

Biografía de Tadeo Isidoro Cruz  (1829-1874)
“[…] Había corregido el pasado; en aquel tiempo debió de considerarse feliz, aunque profundamente no lo era. (Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin escuchó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Cuéntase que Alejandro de Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre.[…] J. L. Borges de "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)" [Obra pictórica Jamie Baldridge]

De "Utopia de un hombre que está cansado"

De "Utopia de un hombre que está cansado"
"[...] -Nadie puede leer dos mil libros. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios[...]"

De "Papeles de Recien Venido"

De "Papeles de Recien Venido"
"[...] Lo que es difícil de retener es al lector: ¿por dónde andará ahora?. Uno al menos y sin pretensión necesito .Al principio lo había conseguido y no he sabido cuidarlo. Es inmodesto, y quizá le incomodará, haber topado con el único libro en que solamente el autor habla.[...]" . Macedonio Fernández

De "La Muerte y la Brújula"

De "La Muerte y la Brújula"
[...] Scharlach, cuando en otro avatar usted me dé caza, finja (o cometa) un crimen en A, luego un segundo crimen en B, a 8 kilómetros de A, luego un tercer crimen en C, a 4 kilómetros de A y de B, a mitad de camino entre los dos. Aguárdeme después en D, a 2 kilómetros de A y de C, de nuevo a mitad de camino. Máteme en D, como ahora va a matarme en Triste-le-Roy.[...] J. L. Borges.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges
Jorge Luis Borges. Foto Intervención A. M. R.

De "Literaturas Germánicas Medievales"

De "Literaturas Germánicas Medievales"
"Maldon (...) guarda la memoria de una derrota. Se trata de un fragmento; los invasores daneses piden tributo a los sajones, estos responden que lo pagarán con sus viejas espadas. El combate se entabla; los ´lobos de la matanza´, los vikings, apremian a los sajones; el capitán sajón, herido de muerte, agradece a Dios con su último aliento todas las dichas que ha tenido en el mundo. Lo matan y uno de sus hombres, que es un anciano, dice: cuanto menor sea nuestra fuerza, mas animoso debe ser nuestro corazón. Aquí yace nuestro señor, hecho pedazos, el que mas valía, en el polvo. Quien quiera retirarse de este juego, se lamentará para siempre. Mis años ya son muchos, y me quedaré a descansar, junto a mi señor, a quien quiero tanto". Jorge Luis Borges de "Antiguas Literaturas Germánicas".

La Memoria de Shakespeare (Fragmentos)

[...]

Le ofrezco la memoria de Shakespeare desde los días más pueriles y antiguos hasta los del principio de abril de 1616.

[...]

No acerté a pronunciar una palabra. Fue como si me ofrecieran el mar.

[...]

Me quedé pensando. ¿No había consagrado yo mi vida, no menos incolora que extraña, a la busca de Shakespeare? ¿No era justo que al fin de la jornada diera con él?

[...]

-Acepto la memoria de Shakespeare.

Algo, sin duda, aconteció, pero no lo sentí.

Apenas un principio de fatiga, acaso imaginaria.

Recuerdo claramente que Thorpe me dijo:

-La memoria ya ha entrado en su conciencia, pero hay que descubrirla. Surgirá en los sueños, en la vigilia, al volver las hojas de un libro o al doblar una esquina. No se impaciente usted, no invente recuerdos. El azar puede favorecerlo o demorarlo, según su misterioso modo. A medida que yo vaya olvidando, usted recordará. No le prometo un plazo.

[...]

Shakespeare sería mío, como nadie lo fue de nadie, ni en el amor, ni en la amistad, ni siquiera en el odio. De algún modo yo sería Shakespeare. No escribiría las tragedias ni los intrincados sonetos, pero recordaría el instante en que me fueron reveladas las brujas, que también son las parcas, y aquel otro en que me fueron dadas las vastas líneas:

And shake the yoke of inauspicious starsFrom this worldweary flesh.

Recordaría a Anne Hathaway como recuerdo a aquella mujer, ya madura, que me enseñó el amor en un departamento de Lübeck, hace ya tantos años.

[...]

Jorge Luis Borges.

(Ver texto completo en Páginas interiores)

Entradas populares

Sobre Borges Recitales

Taller de Escritura Poética con énfasis en Borges

Taller de Escritura Poética con énfasis en Borges
En la Biblioteca Darío Echandía del Banco de la República

Elevo Editores

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Click en la foto para Elevar tus letras.

Concierto Centenario Borges 1999

Concierto Centenario Borges 1999
Inolvidable Concierto para Coro , Orquesta, Solistas y Narradora.Compuesto y Dirigido por el Maestro Cesar Augusto Zambrano R. Narración : Ana María Rivera.Obra Pictórica: Maestro Carlos Ennio Naranjo .Realizado en el Teatro Tolima,en el centenario del poeta.

Borges en Boca de Rivera

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Artículo de prensa escrito por el periodista Ricardo Torres para el semanario "Tolima 7 Días", con motivo de las primeras presentaciones de nuestros Recitales en tributo a J. L. Borges, por Buenos Aires.

Recital "El Oro de los Tigres"

1. A Leonor Acevedo de Borges. (Dedicatoria) 2. A Quien leyere. (Dedicatoria de "Fervor de Buenos Aires". 1923) 3. Inferno I, 32. (De "El Hacedor" 1960) 4. La cierva blanca. (De "La Rosa Profunda"1975) 5. Amorosa Anticipación. (De "Luna de Enfrente". 1925) 6. La Lluvia. (De "El Hacedor". 1960) 7. Mateo XXV, 30. (De "El Otro el Mismo". 1964) 8. Arte Poética. (De "El Hacedor", 1960 ) 9. Otro Poema de los Dones. (De "El otro el mismo", 1964) 10. Poema de los Dones. (De "El Hacedor", 1960) 11. Cuarteta. (De "Museo") 12. La Noche Cíclica. (De "El otro, el mismo", 1964) 13. El Golem. (De "El otro, el mismo". 1964) 14. Fragmento de "El Aleph". (De "El Aleph". 1949) 15. El Sueño de Pedro Henríquez Ureña. (De "El oro de los tigres" 1972). 16. A mi Padre. (De "La moneda de hierro" 1976) 17. La Espera. (De "La historia de la noche" 1977) 18. Límites. (De "El otro, el mismo" 1964) 19. Elogio de la sombra. (De "Elogio de la sombra". 1969 )

Video Poemas Borges Recitales [En la Voz Colombiana de Ana María Rivera Salazar]

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En "Oye Borges". El Blog

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Video Poemas Borges de Memoria, promocionan el Recital Poético "El Aleph", en Gira Internacional 2012

"Letras de Cambio"

"Letras de Cambio"
Libro de poesía de Ana María Rivera

"Luna de Enfrente", El Recital,

“Luna de Enfrente”, es un Recital en tributo al escritor argentino Jorge Luis Borges , donde once de sus libros transcurren representados en dieciocho textos de su literatura, en prosa y en verso; los cuales durante 75 minutos de la escena fluyen en la voz colombiana de Ana María Rivera, y en la música de clarinete, piano y pantágora, compuesta e interpretada por Alejandro Díaz-Lamprea. El Recital quiere ser una invitación a la lectura y relectura de la obra del escritor, tanto como una exaltación de la simbología borgeana, de el sueño y el acto creador; la otredad: el otro, el mismo y su condición de nadie; el hacedor: el inmortal; la muerte y la memoria; todas estas metáforas bajo esa “mudable vida”, la de la luna,que de manera serena nos aguarda en el verso borgeano; así, esta antologación obedece a una devota lectora, que como decía Borges de Macedonio Fernández, “no ha leído mucho, pero lo poco que ha leído, lo ha leído mucho”, y dice con Borges desde su Luna de Enfrente :“Quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona”

Destino Borges

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Clickea y tu Destino será Borges."Destino Borges", blog de fragmentos amados y releídos en virtud de la imagen nueva. [Por el favorable azar que me depara un porvenir en el que usted ha llegado, y al atravesar el jardín no me ha encontrado muerta]

En Facetas: Relectura hecha Borges

En la Casa de Poesía Silva

En la Casa de Poesía Silva
El Recital "El Oro de los Tigres" , en 2008, en la Casa de Poesía Silva, en Bogotá.

Macedonio Fernández y Borges

"Yo por aquellos años lo imité hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura..."

J. L. Borges

Xul Solar y Borges

Xul Solar y Borges
"Hombre versado en todas las disciplinas, curioso de todos los arcanos, padre de escrituras, de lenguajes, de utopías, de mitologías y astrólogo, perfecto en la indulgente ironía y en la generosa amistad, Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época". Así se refiere Jorge Luis Borges, a su amigo Xul Solar. El genio de Xul no sólo se expresó mediante la pintura. Liberó también su pulsión inventiva a través de un panajedrez; una panlengua; una recreación del español, el neocriollismo; un tipo de teatro de títeres para adultos. El panajedrez, panjuego, o ajedrez criollo, se diferencia del ajedrez convencional por su cantidad de casillas. Posee 13 en lugar de las ochos habituales. La cantidad de piezas son 60, en lugar de 32, con 30 correspondientes a cada jugador. Las casillas se correlacionan con el tiempo...y las constelaciones y signos zodiacales. La partida se comenzaba fuera del tablero. La anotación de las jugadas puede generar palabras, motivos musicales y pictóricos. El juego así no sólo admite las combinaciones de movimientos sin fin. También permite estimular la creación musical y pictórica. Xul solar convirtió su existencia en irradiación creadora.

Taller de Escritura Poética con Enfasis en Borges

Taller de Escritura Poética con Enfasis en Borges
En el MAT, Museo de Arte del Tolima.

El Aleph (Fragmentos)

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo, pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible.

[…]

Así, en aniversarios melancólicos y vanamente eróticos, recibí las graduales confidencias de Carlos Argentino Daneri.

[…]

Otras muchas estrofas me leyó que también obtuvieron su aprobación y su comentario profuso. Nada memorable había en ellas; ni siquiera las juzgué mucho peores que la anterior. En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores. Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros. La dicción oral de Daneri era extravagante; su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces, trasmitir esa extravagancia al poema.

[…]

Este se proponía versificar toda la redondez del planeta; en 1941, ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Septiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carecían de la relativa agitación del prefacio. Copio una estrofa
Sepan. A manderecha del poste rutinario
(Viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)
Se aburre una osamenta –¿Color? Blanquiceleste–

Que da al corral de ovejas catadura de osario.
Que da al corral de ovejas catadura de osario.

[…]

….iban a demoler su casa.

–¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! –repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.
No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo; además, se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz.

[…]

Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

[…]

–¿El Aleph? –repetí.
–Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema!

[…]

Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás... Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña, de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.

[…]

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca?

Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

[…]

¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

[…]

Fragmentos del cuento de Jorge Luis Borgs "El Aleph", de su libro homónimo.

(Leer texto completo en páginas interiores


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