04 julio, 2014

Juan Bonilla Reinventa a Matilde Urbach y Logra Colarse en Obras Completas de Borges

[Película "El Hombre de la Esquina Rosada" 1962]

Han pasado ya tres años desde que conociera el artículo del escritor Juan Bonilla y lo publicara en este blog, acerca de la procedencia de la enigmática Matilde Urbach. Ahora resulta que hemos contribuido a difundir  un divertimento de Bonilla, que ya trasciende como verdad legitimada, ahora por el editor de las Obras Completas de Borges.

“ Que la historia hubiera copiado a la historia
ya era suficientemente pasmoso;
que la historia copie a la literatura es inconcebible...”. 

Es la conjurada intervención temporal del señor de Tlön
con posdatas que instauran objetos
[como en la monografía de Menard]
pero no solamente destinados a las necesidades poéticas.

A.   M. R.


-Sales en las Obras Completas de Borges-, me dice un amigo, y a bote pronto me parece una broma, pero resulta que no, o sea, resulta que sí, que salgo, en una nota a pie de página a Le Regret de Heraclite.  Uf, digo, va siendo hora de dar explicaciones.
Hace un montón de años, cuando yo era un indocumentado y creía que Borges era lo único que le había sucedido al Universo después del Big Bang, se me ocurrió la gracia de buscarle bibliografía a Matilde Urbach, protagonista de un famoso dístico de Borges que dice:

Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca
 aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.

No es que me impidiera dormir no tener idea de dónde se sacó Borges a ese personaje, pero me picaba la curiosidad, y para no tener que rascarme, decidí inventarme una procedencia, como si yo fuera un investigador en la cosa Borges. Se me ocurrió leyendo las reseñas que Borges escribió para la revista El Hogar recopiladas en un tomo publicado por Tusquets. Allí había una reseña sobre una novela titulada Man with four lives de William Joyce Cowen. Borges contaba el argumento de la novela y desestimaba su pobre solución después de haber sabido mantener el vértigo de un enigmático personaje que era asesinado una y otra vez por el mismo capitán inglés. Me dije: de aquí sacó a Matilde Urbach. Y ya está. Escribí un artículo , me inventé que Bioy Casares me había dado la pista, que Javier Marías me consiguió la novela de Joyce Cowen, que la protagonista de la novela era Matilde Urbach, que el hombre de las cuatro vidas -que en realidad eran cuatro gemelos- era el que en algún momento de la novela, al partir a la batalla, decía: "Yo que sólo he sido un hombre, puedo enorgullecerme de ser al menos el hombre en cuyos brazos desfallecía Matilde Urbach". La gracia es que el hombre que decía eso no sabía que no era el único, pues sus otros tres hermanos también creían ser el único en cuyos brazos desfallecía Matilde Urbach. Y sanseacabó. El artículo recibió palmaditas en la espalda, lo recogí luego en un libro, se multiplicó en páginas de internet poco a poco, hasta llegar a colarse ahora como referencia en las Obras Completas de Borges, donde una nota al pie de la página donde está el poema de Borges, informa de la procedencia del nombre de Matilde Urbach utilizando mi artículo/cuento.

Cuando se presentó esa edición, a cargo de Rolando Costa, el diario Claríndestacaba que por fin se revelaban algunos secretos de la obra de Borges, y por poner un ejemplo, escribían:  "un recurso que Borges usaba mucho era inventar escritores. Y atribuirles escritos. Es el caso de Gaspar Camerarius, a quien le atribuye estos versos: 'Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca/ Aquel en cuyo amor desfallecía Matilde Urbach'. Hubo biógrafos que especularon con que Matilde era un amor del escritor, una pasión desbordante. Pues no, era un juego de Borges: se trababa apenas del personaje de un libro casi desconocido que reseñó alguna vez." En fin.

También, claro, mi hallazgo, mi invención, mi chiste, sirvió para que algunos listos listísimos de los que pululan por la República de las Letras, donde se creen auténticos monarcas, hicieran pasar el descubrimiento como si fuera suyo, lo que no deja de ser enternecedor. Y más aún, para que otros, borgianos de verdad de la buena, no como yo, que sólo era borgiano epidérmico, usaran de trampolín el descubrimiento para llevarlo más lejos, a un precipicio de pedantería que hubiera hecho sonreír a Borges y a mí me hace partirme de la risa. Por ejemplo, el novelista Juan Francisco Ferré, en su blog La vuelta al mundo, escribe (lamento interrumpir su discursito con comentarios puestos entre corchetes):        

Los borgianos epidérmicos -es decir, los borgianos profesionales, esos que exhiben en público su presunta condición de legatarios creativos del maestro sin poseer otro título para ello que un conocimiento superficial de su obra- se han desgarrado y desgastado las neuronas [no será tanto, hombre, Ferré, desgarros ninguno]  buscando el sentido y la fuente del poema. Sus hallazgos han sido siempre triviales. [Y a pesar de la triviliadidad de esos hallazgos, Ferré los va a utilizar enseguida, o mejor dicho, sólo va a utilizar un hallazgo, el mío].   Por supuesto [claro, cómo no, por supuestísimo]   que Borges estaría ajustando las cuentas con humor incomparable[gracias por lo que me toca en eso de incomparable]  a una novela menor -'Man with four Lives' de Joyce Cowen- que considera fallida [y esto Ferré, ¿cómo lo sabe? ¿cómo sabe que ajusta cuentas con la novela de Joyce Cowen? ¿Lo ha descubierto él solito o se habrá servido de algún hallazgo epidérmico, al que naturalmente no cita porque pa' qué?] . Y que la anécdota amorosa, algo perversa, de una mujer alemana -la epónima Matilde Urbach- [ah, vaya, Ferré ha leído la novela de Cowen, menos mal, ha visto y comprobado que la protagonista se llama Matilde Urbach, qué bien, qué riguroso]  que habría podido amar a cuatro hombres distintos bajo la misma apariencia, creyéndolos el mismo hombre en ocasiones sucesivas, no podía sino fascinar al Borges más travieso y juguetón, a pesar de suponer una alambicada alegoría del impersonal amor a la patria en tiempos de guerra y el cruento sacrificio de cuerpos viriles a ese generoso amor germánico. Pero no menos importante para Borges [por supuestísimo otra vez] ,como lector decepcionado del artefacto de Cowen, es el uso de la fingida pluralidad de los personajes y la irrisoria reiteración de las circunstancias como excusa para gastar una broma filosófica de alcance certero en contra de las concepciones clásicas del tiempo, la linealidad del arte narrativo y, en suma, de la literatura de ficción como correlato de las versiones más adocenadas de la realidad. La verdadera originalidad de 'Le Regret d´Héraclite' [la verdadera y única, cabría decir, como formulada por Ferré que es] se cifra en su postulación de una cesura o hiato [¡cesura o hiato, date 'cuen!'] entre el yo trascendental y el yo contingente del sujeto [todos somos contingentes, sólo tú eres trascendental] tal y como Paul de Man dilucida la cuestión, en su impagable análisis de los mecanismos de la ironía, a partir de la novela Lucinda de Friedrich Schlegel. Si se lee la microficción poética de Borges después de esta reflexión de De Man [a ver, un momento, espera, voy a leerla]    ya no quedarán dudas sobre el designio del primero en el momento de concebirla.[ Uy, no sé, todavía me quedan dudas, dudas epidérmicas, claro] .

La primera pregunta que se me ocurre es: ¿cómo tanta gente se limitó a repetir lo que un mengano decía en un libro que no tenía nada de académico y donde había igual un cuento sobre un programa de televisión en el que la gente se disparaba en la cabeza que una serie de invectivas contra el arte abstracto? Ni idea. ¿Cómo nadie fue a la novela de Joyce Cowen para comprobar si lo que decía el articulista era verdad o ficción, sobre todo después de recogerla en un libro en cuya misma solapa ya se hablaba de la mezcla de una y otra? Entiendo que en 1996 no fuera fácil procurarse un ejemplar de la novela, (esa dificultad precisamente era la que me permitía inventarme que Javier Marías me la había conseguido), pero desde hace ya un montón de años cualquiera que quisiera certificar que Matilde Urbach procedía de una novela de Joyce Cowen no tenía más que gastarse los 15 dólares que piden en la red por un ejemplar sin sobrecubierta . Eso es lo que he hecho yo ahora, (me he gastado cuarenta dólares, pero es que la sobrecubierta es lo mejor de la novela y no quería perdérmela). Me he dicho, después de que alguien, en México, me contara que una escritora de allí me citaba como descubridor de la identidad de Matilde Urbach: bueno, hasta aquí llegó la broma. Yo en aquella época hacía muchas bromas de este tipo, me inventaba una cita de Somerset Maugham para justificar el título de un libro, o le adjudicaba a San Agustín una greguería que se me había ocurrido a mí. Cosas así. Lo de Matilde Urbach era una gracieta. Recuerdo que José María Conget escribió un relato que me dedicó para inventarle una nueva procedencia a Matilde Urbach. Recuerdo que José Luis García Martín, para inventar su propia versión de quién era ese personaje, citaba mi texto y decía: es una ficción en un libro en el que los artículos son ficciones y las ficciones artículos. Pero a García Martín deben de leerlo menos que a mí, porque mi texto siguió circulando como si de veras tuviera altura académica, citable. Debe ser el único texto publicado en El Correo de Andalucía que ha llegado a esas cimas. Recuerdo que Fernando Iwasaki siempre que me presentaba a alguien lo hacía diciéndome: este es el hombre que se ha inventado a Matilde Urbach. Recuerdo, en fin, que para nombrarme cónsul en Xerez del Reino de Redonda, Javier Marías (ríe si sabes) me impuso el nombre de "Urbach".

Confieso que entre los días que han separado el momento de pedir la novela y el momento de recibirla, me hice la ilusión de haber acertado a intuir que Borges sacó de verdad de esa novela a Matilde Urbach. Es decir, me decía a mí mismo: a lo mejor, así, por casualidad, por pura intuición, acertaste a descubrir que, en aquella reseña de El Hogar, Borges daba pistas sobre el lugar donde encontró a la famosa protagonista de su poema. Y enseguida me reñía a mí mismo: no seas bobo, sería demasiada suerte. Aunque cosas más raras me han pasado, también es verdad. Como hace ya 20 años de todo aquello, registraba mis recuerdos para estar seguro del todo de que no vi en algún rastreo, en alguna biblioteca, el nombre de Matilde Urbach en la novela de Cowen. Me veía a mí mismo la única vez que hablé 10 minutos con Adolfo Bioy Casares, trataba de recomponer la conversación, incrustar en ella el nombre de Matilde Urbach, pero también enseguida me volvía a reñir: el artículo era invención de principio a fin, una ocurrencia para hacerme el gracioso y disfrazar mi ignorancia de alta erudición y colar como estudio lo que era un chiste sin esperar que nadie me tomara en serio


Por fin llegó la novela. La cubierta, en efecto, es bonita. El texto, bastante peor incluso de lo que sugiere Borges, pues  si bien se presenta como un texto de horror al que al final se le da una explicación racional ridícula, lo cierto es que está escrito con una prisa y una falta de énfasis que parece responder a las exigencias de la novela de kiosco -género al que por formato no pertenece. El propio texto de contratapa parece ideado para excusar esas prisas de la prosa: "No hay tiempo para crear atmósferas -dice- se trata de una historia de acción". La protagonista -aquella a la que mi artículo identificaba como Matilde Urbach- se llama Audrey. Está enamorada de un hombre, al hombre lo matan cuatro veces, tres veces reaparece, la explicación final que tanto decepcionó a Borges y apenas a nosotros porque ya la sabíamos, resulta de todo punto ridícula. En ningún momento, claro, oye la frase que yo hacía recitar a uno de sus amantes y que, en mi artículo, era el origen del poema de Borges. Lo mejor del volumen son las bonitas ilustraciones bélicas de Lynd Ward. Pero naturalmente todo eso es lo de menos ahora. Lo de más es reconocer el 'fake', toda vez que, estaremos de acuerdo, un 'fake' es tanto mejor como tal cuanto más tiempo tarde en ser reconocido como 'fake'. Se podría decir que hay fakes que tardan mucho en ser reconocidos como tales por la sencilla razón de que no les importa a nadie, y en eso también estaremos de acuerdo. Pero es que Matilde Urbach sí parece importar a borgianos profundos, como Ferré, que da por bueno el hallazgo de un borgiano epidérmico, como yo, y desde luego debería haberle importado al propio editor de las Obras Completas de Borges, a quien agradezco mucho que se fiara demasiado de mí, pero a quien recomiendo que la próxima vez me pregunte antes de engalanar con una nota a pie de página el maravilloso e inolvidable dístico de Borges.

Juan Bonilla

Tomado de:
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bibliotecaenllamas/2014/06/18/matilde-urbach-revisited.html

Ver secuencias de publicación en este blog sobre "Matilde Urbach":

http://museodelaeterna7.blogspot.com/2011/01/quien-era-matilde-urbach.html

http://museodelaeterna7.blogspot.com/2011/01/por-el-escritor-juan-francisco-ferre.html

05 mayo, 2014

¨Hexágono Natal" Antología Poética























“Hexágono Natal”,  la  Antología Poética, editada por Elevo Editores, es el primer libro del “Taller de Escritura Poética con Énfasis en Jorge Luis Borges”, dirigido por Ana María Rivera, y ganador del "Premio Estímulos 2013 a Formadores de Nuevos Escritores Ibaguereños” de la Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio de Ibagué.

 La Antología “Hexágono Natal”, es el resultado del Taller, cuya convocatoria amplia e incluyente, contó con quince participantes activos, quienes durante cinco meses de un proceso de indagación y experimentación literaria, recrearon sus ejercicios escriturales, a  partir de diversos periplos estéticos borgeanos, donde las singulares postulaciones de la realidad del escritor argentino, y de otros diversos autores contemporáneos, prodigaron a estas voces nuevas de la poesía ibaguereña y tolimense, auténticos caminos de exploración poética.

Así, la selección final de Poetas a la Antología, está conformada por:
Luis Fernando Abello Rayo, Reinel Felipe Gómez Romero, Gineth Sierra Rincón, Enrique Tovar Ceballos y Jhon Alexander Vanegas Vargas; selección que obedeció a los siguientes criterios, debidamente formulados durante el Taller: 

1. Unidad poética.
2. Decantación de la estética experimentada.
3. Nuevas indagaciones temáticas y del acto de Enunciación.
4. Experimentación con el lenguaje.
5. La poesía como indagación hermenéutica [filosófica, matemática, física]
6. El énfasis en la singularidad  estética del  autor argentino  Jorge Luis Borges.

De esta manera se antologaron 32 poemas de los 5 seleccionados, tratando de encontrar una unidad formal que permitiera al lector correlacionar las diversas voces y estéticas, y al final hallar un entramado temático recurrente, que se va desarrollando en virtud del Hexágono Natal, que otorga la singularidad a cada uno de los participantes. Es por eso que los poemas no van firmados o rotulados con rúbrica alguna, nadie los firma, y van deliberadamente, sin respetar el consabido ordenamiento de las antologías, donde cada autor tiene un espacio determinado, sino que indistintamente los poemas se van glosando uno tras otro. Solo el índice dará cuenta de sus respectivos autores y poemas.

El título del libro “Hexágono Natal”, hace alusión a la serie infinita de hexágonos que comprenden el universo-biblioteca, de la literatura borgeana; y que en el Taller nos referenció siempre a ese coordenada espacio-temporal, intransferible, que cada ser habita, y que está circunscrita por el número de silla y la letra de fila convenida, como palcos o plateas del gran teatro del mundo, desde donde vemos y hacemos la representación, instados todos a transcribir  lo que solo veremos comedidamente detrás de los ojos, como bien se indica en el prefacio del libro.

Otra de las bondades de la antología, es la de ser a su vez, contenedora de los manuscritos emborronados, a los cuales corresponden los poemas editados, tributando un homenaje al acto de la escritura misma, y acercando al lector, el humano y falible oficio del poeta.


A.   M. R.

04 mayo, 2014

Borges Lector: [Borges y sus Precursores]



Mis Libros 

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

 J. L. B.

"Hexágono Natal" Antología Poética en la FILBO 2014




Celebramos la aparición de nuestro nuevo libro,  Antología Poética "Hexágono Natal".
A partir de la próxima semana próxima en la Filbo 2014.
Del "Taller de Escritura Poética con Énfasis en Jorge Luis Borges"
"Premio Estímulos 2013 a Formadores de Nuevos Escritores Ibaguereños"
Secretaria de Cultura , Turismo y Comercio de Ibagué.

Primer Recital de Lanzamiento en la FILBO 2014, 
Stand del Tolima: Corferias, Pabellón 6, segundo nivel. 
Sábado 10 de mayo. Hora:3 p.m.

28 abril, 2014

[Borges es] "El Zahir"

Moneda  de plata de 1 peso, acuñada por el Banco Central  , a solicitud de la Academia Argentina de Letras, en el año del natalicio del Poeta.


En Buenos Aires el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso. (En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljarra de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo.) Hoy es el trece de noviembre; el día siete de junio, a la madrugada llegó a mis manos el Zahir; no soy el que era entonces pero aún me es dado recordar; y acaso referir, lo ocurrido. Aún, siquiera parcialmente, soy Borges.

18 abril, 2014

Dalí y Borges "Cristo en la Cruz" [Hoy Viernes Santo]

Por  Salvador Dalí.

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
Los tres maderos son de igual altura.
Cristo no está en el medio. Es el tercero.
La negra barba pende sobre el pecho.
El rostro no es el rostro de las láminas.

Es áspero y judío. No lo veo
y seguiré buscándolo hasta el día
último de mis pasos por la tierra.
El hombre quebrantado sufre y calla.

10 abril, 2014

Tigres Azules

J. L. Borges por A.M. R. del Recital "El ALeph"


Una famosa página de Blake hace del tigre un fuego que resplandece y un arquetipo eterno del mal; prefiero aquella sentencia de Chesterton, que lo define como símbolo de terrible elegancia. No hay palabras, por lo demás, que puedan ser cifra del tigre, forma que desde hace siglos habita la imaginación de los hombres. Siempre me atrajo el tigre. Sé que me demoraba, de niño, ante cierta jaula del zoológico; nada me importaban las otras. Juzgaba a las enciclopedias y a los libros de historia natural por los grabados de los tigres. Cuando me fueron revelados los Jungle Books, me desagradó que Shere Khan, el tigre, fuera el enemigo del héroe. A lo largo del tiempo, ese curioso amor no me abandonó. Sobrevivió a mi paradójica voluntad de ser cazador y a las comunes vicisitudes humanas. Hasta hace poco -la fecha me parece lejana, pero en realidad no lo es- convivió de un modo tranquilo con mis habituales tareas en la Universidad de Lahore. Soy profesor de lógica occidental y consagro mis domingos a un seminario sobre la obra de Spinoza. Debo agregar que soy escocés; acaso el amor de los tigres fue el que me atrajo de Aberdeen al Punjab. El curso de mi vida ha sido común, en mis sueños siempre vi tigres (ahora los pueblan de otras formas).

27 marzo, 2014

"Letras de Cambio" Libro de Poesía de Ana María Rivera

                             "Letras de Cambio"  de Elevo Editores. Libro de Poesía recreado con obras de León Pereañez.

La costumbre, autoriza que las presentaciones de los libros designen a un tercero como mediador, expositor o presentador de los ejercicios que el poeta ha perpetrado y antologado en la reserva de su proceso estético.

Hoy  ha querido, digamos el  azar, en forma de desprolija y tímida dispensa, que el sujeto poético y el yo empírico, que han preocupado tanto desde el Simbolismo, debatan sus veleidosas y vanas posturas entre estas huestes de fragmentadas sílabas, silencios graves, y pausas medianeras, con las que pretendo abrirme paso, arrebatando una voz que me sea dada, en procura menos de una civil y objetiva presentación de estas “Letras de Cambio”, pues ellas mismas no son lo que promulgan; como sí de la celebración,  legítima, de este objeto – libro; objeto que previamente comprobada su reciente existencia, maravillosamente, no se  hallaba  antes sobre el universo; y que una vez allí, me confiere  el atributo definitorio de los dioses: el de la creación.

26 marzo, 2014

Poemas de "Letras de Cambio"


Frag. de "Letras de Cambio" obra pictórica  de León Pereañez . 



Patética


Yo que amé la nobleza de los metales
en la tarde de un sueño Neolítico.

Hoy rehago una escritura
que nomina las formas invertebradas
arteria que necesita ser vaciada
facultad de lo inerte.

Viajes antiquísimos
tras un esfera extensa
latido y pulso de designios tardíos
hilera de agua no perturbada.

Si te hubieras quedado
escucharías el aullido de la olla
cociendo a fuego lento el corazón
escarnecido de los que enmudecen.

No consiguieron siquiera nombrar
el inverosímil del volcán
desorbitando el valle.

Y la sangre en alquimia de vapores
dispuesta a enardecer otras venas.

Nota:
antes que escampe
el telón no debería desplomarse.

11 enero, 2014

Examen de la Obra de Herbert Quain


 Quain ha muerto en Roscommon; he comprobado sin asombro que el Suplemento Literario del Times apenas le depara media columna de piedad necrológica, en la que no hay epíteto laudatorio que no esté corregido (o seriamente amonestado) por un adverbio. El Spectator, en su número pertinente, es sin duda menos lacónico y tal vez más cordial, pero equipara el primer libro de Quain ­The God of the Labyrinth­ a uno de Mrs. Agatha Christie y otros a los de Gertrude Stein: evocaciones que nadie juzgará inevitables y que no hubieran alegrado al difunto. Este, por lo demás, no se creyó nunca genial; ni siquiera en las noches peripatéticas de conversación literaria, en las que el hombre que ya ha fatigado las prensas juega invariablemente a ser monsieur Teste o el doctor Samuel Johnson... Percibía con toda lucidez la condición experimental de sus libros: admirables tal vez por lo novedoso y por cierta lacónica probidad, pero no por las virtudes de la pasión. Soy como las odas de Cowley, me escribió desde Longford el 6 de marzo de 1939. No pertenezco al arte, sino a la mera historia del arte. No había, para él, disciplina inferior a la historia.

En Ibagué, Tolima: Taller de Escritura Poética con Énfasis en Borges


17 diciembre, 2013

El informe de Brodie


En un ejemplar del primer volumen de las Mil y una noches (Londres, 1840) de Lane, que me consiguió mi querido amigo Paulino Keins, descubrimos el manuscrito que ahora traduciré al castellano. La esmerada caligrafía -arte que las máquinas de escribir nos están enseñando a perder- sugiere que fue redactado por esa misma fecha. Lane prodigó, según se sabe, las extensas notas explicativas; los márgenes abundan en adiciones, en signos de interrogación y alguna vez en correcciones, cuya letra es la misma del manuscrito. Diríase que a su lector le interesaron menos los prodigiosos cuentos de Shahrazad que los hábitos del Islam. De David Brodie, cuya firma exornada de una rúbrica figura al pie, nada he podido averiguar, salvo que fue un misionero escocés, oriundo de Aberdeen, que predicó la fe cristiana en el centro de África y luego en ciertas regiones selváticas del Brasil, tierra a la cual lo llevaría su conocimiento del portugués. Ignoro la fecha y el lugar de su muerte. El manuscrito, que yo sepa, no fue dado nunca a la imprenta.

28 noviembre, 2013

El idioma analítico de John Wilkins

J. L. Borges

He comprobado que la decimocuarta edición de la Encyclopaedia Britannica suprime el artículo sobre John Wilkins. Esa omisión es justa, si recordamos la trivialidad del artículo (veinte renglones de meras circunstancias biográficas: Wilkins nació en 1614, Wilkins murió en 1672, Wilkins fue capellán de Carlos Luis, príncipe italiano; Wilkins fue nombrado rector de uno de los colegios Oxford, Wilkins fue el primer secretario de la Real Sociedad de Londres, etc.); es culpable, si consideramos la obra especulativa de Wilkins. Éste abundó en felices curiosidades: le interesaron la teología, la criptografía, la música, la fabricación de colmenas transparentes, el curso de un planeta invisible, la posibilidad de un viaje a la luna, la posibilidad y los principios de un lenguaje mundial. A este último problema dedicó el libro An Essay Towards a Real Character and a Philosophical Language (600 páginas en cuarto mayor, 1668). No hay ejemplares de ese libro en nuestra Biblioteca Nacional; he interrogado, para redactar esta nota, The life and Times of John Wilkins (1910), de P. A. Wrigh Henderson; elWoertebuch der Philosophie (1924), de Fritz Mathner; Delphos (1935), de E. Sylvia Pankhurst; Dangerous Thoughts (1939), de Lancelot Hogben.

21 noviembre, 2013

La biblioteca de Babel



                                                                             

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

19 noviembre, 2013

La casa de Asterión

El Minotauro por George Frederic Watts.

 [ "A una tela de Watts, pintada en 1896, debo"La casa de Asterión" y el carácter de su pobre protagonista". J. L. Borges.]


La casa de Asterión

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. 
No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz  de la tierra.

23 septiembre, 2013

Taller de Escritura Poética con énfasis en Jorge Luis Borges y Antología Poética de Ibagué




En el "Taller de Escritura Poética con énfasis en Jorge Luis Borges", partimos de la premisa, que en arte, las metodologías y procesos pedagógicos, no aplican, salvo como herramientas potenciales  de suscitación y perplejidad. A cambio, la disciplina y la praxis de  “el ser  del lector” y  “el  ser del escritor” -entendidos como los  individuos capaces de traducir (leer) y recrear (reescribir) su universo -  las únicas sendas posibles en la construcción de  obra estética. 

17 septiembre, 2013

"Tema del Traidor y del Héroe" [y Manuscrito hallado en la Biblioteca Nacional de Argentina]

Sur nº112-026
Sur nº112-029





















Sho the Platonic Year
Whirls out new right and wrong
Whirls in the old instead;
All men are dancers and their tread
Goes to the barbarous clangour of a gong.
W B. Yeats, The Tower


Bajo el notorio influjo de Chesterton (discurridor y exornador de elegantes misterios) y del consejero áulico Leibniz (que inventó la armonía preestablecida), he imaginado este argumento, que escribiré tal vez y que ya de algún modo me justifica, en las tardes inútiles. Faltan pormenores, rectificaciones, ajustes; hay zonas de la historia que no me fueron reveladas aún; hoy, 3 de enero de 1944, la vislumbro así.

16 septiembre, 2013

"Manuscrito hallado [en un libro] de Jorge Luis Borges"


Revista Sur nº112-112




El manuscrito, entre tipografías, mapas, rúbricas, letras cursivas y de molde
fue hallado en la Biblioteca Nacional
no la de la calle México,
en un ejemplar  de la revista Sur, en el número ciento doce
donde se publicó  por primera  vez, en febrero de 1944
“Tema del Traidor y del Héroe

Borges  corrige, emborrona y reescribe,
ensayando seis líneas finales
versos que  siempre llegarán desde el futuro
aunque se hayan prologado un 29 de agosto
para ser editados en "Ficciones"

"Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad"

      



Joseph Conrad
 Jorge Luis Borges
            
 En las trémulas tierras que exhalan el verano,
El día es invisible de puro blanco. El día
Es una estría cruel en una celosía,
Un fulgor en las costas y una fiebre en el llano.

Pero la antigua noche es honda como un jarro
De agua cóncava. El agua se abre a infinitas huellas,
Y en ociosas canoas, de cara a las estrellas,
El hombre mide el vago tiempo con el cigarro.

El humo desdibuja gris las constelaciones
Remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre.


Jorge Luis Borges       
Luna de enfrente (1925)


Borges Recitales. Video Poemas

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Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges. Tributo

Al Hexágono Natal de Borges

Tributo


“[…] (Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche

fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara,

la noche en que por fin escuchó su nombre.

Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho,

un instante de esa noche, un acto de esa noche,

porque los actos son nuestro símbolo.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo

momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. […]”


Jorge Luis Borges.

De su texto “Tadeo Isidoro Cruz” del libro “El Aleph”


En mi destino Borges, vine a Buenos Aires, tras el minucioso indicio de el Hacedor, que se hizo refutador y vindicador del Tiempo; un señor del siglo XIX, que desde siempre entendió que los idiomas que recrean el universo en españoly en inglés, son solo dos maneras de entablar una larga conversación por separado, con sus mayores.

Que admiraba en Wilde y en Hawthorne, una cierta y desalmada caridad literaria de prodigar argumentos e historias; a sus amigos el primero, a desconocidos el segundo; sin explicitar que otro tanto hacia él a lo largo de sus infinitos subdivisibles textos, ordenados en algorítmicas alusiones de perplejidad y asombro.

Fue Borges, un procedimiento mismo de generosidad literaria, que incluyó entre muchos, a ese otro redactor, Herbert Quain, para instarnos a cotejar el proceso de la historia ,advirtiendo un pasado que se trifurca, en multiplicidad de versiones, y en cuyas progresivas escenas preliminares, descubriríamos acaso, habernos pasado el universo entero, reproduciendo , no más que cinco o seis metáforas [ojos-estrellas, rio-tiempo, flor –mujer, atardecer – vejez, sueño-muerte] y dos historias , una que apenas alcanza los dos milenios, y otra , que no zozobra en la odisea de los tiempos, la de Nadie, que siempre está llegando.

Así, este Herbert Quain, quizá el legítimo autor de las “Ruinas Circulares” de Borges, viene a conmocionarnos con algo que siempre debimos saber, pero que el entronizamiento del ejercicio en solitario con la palabra, ha venido distrayendo, y esto es según Quain, que la buena literatura es un acontecimiento de lo más frecuente y que en cualquier diálogo doméstico se solaza; dicho en sus palabras que parecen un axioma “apenas hay diálogo callejero que no lo logre”.

Un señor argentino con bastón y metáforas, que aunque fuera en la mítica noche bonaerense el que “contara las sílabas”, sumó tantos versos, como

generaciones de lunas tributadas, mediante una alta “vigilia humana”, esa que nos ha preservado, como la especie de la memoria, al concebir desde el inicio de los tiempos, y de manera especular, la empresa desmesurada y no finita, de “cifrar el universo en un libro”; el inconmensurable Libro de Arena, el cual no me quiero figurar, espantando en el sótano de la calle México, -como otro nene fantasma-; sino en las manos del “imperfecto bibliotecario: el hombre”.

Porque el libro que cambió Borges, por “el monto de su jubilación y por una de sus Biblias, en letras góticas”, sabemos que fue, “el libro de libros”, “el catálogo de catálogos”, el mismo Libro de Arena , que otros llamaron universo, y otros más, Biblioteca; y en cuyas “ilimitadas” y tal vez “periódicas” galerías simétricas, el imperfecto Bibliotecario gravita, en una suerte aritmética, de Hexágono Natal , del que esencialmente nunca parte, al cuidado de alguna porción de anaqueles y libros en humana consignación. Y es desde allí, desde su “Hexágono Carmesí”, desde donde el “Hombre del Libro”, Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, transcribe esa interminable conversación con sus mayores, y alcanza la transmutación de sus desdichas, las suyas y las del otro - las de los otros-, prescribiendo a través de sus ensayos y versos, la fecha de caducidad a la condena libresca, de la estirpe sudamericana en centenaria soledad.

Y reconfigurando a cambio, el mapa de la literatura en castellano, vuelto ahora cartografía y territorio de América; y haciéndonos entender que nuestros destinos por humildes que parezcan, entretejen “el preciso lugar en la trama del universo”, donde somos “figura y símbolo de un poema” como el destino del leopardo en el terceto de Dante, y Dante en la línea de Eliot oo de Kafka; y no menos prodigioso aún, nos convoca a un destino común, donde releer a partir de la circunstancia personal y hedónica, esas nuevas cronologías, asociaciones, correlaciones y analogías, que permiten, en la práctica, emparentar literaturas distantes en el tiempo, o recontextualizar cierta vertiente temática, y alguna vez, por ejemplo, visibilizar a Kafka como precursor de Zenón de Elea, Kierkegaard o Lord Dunsany.

Pues hasta eso nos ha dejado el Poeta, la gratuidad de celebrar justos anacronismos, como éste, de que cada escritor, en suma, cada lector [que para Borges era cada ser humano] “crea sus precursores”, y por extensión sus predecesoras escenas; equivale a decir:, que en el legítimo derecho de recrear la existencia, de indagar y tejer nuestra historiografía, zurcida con los fragmentos de una mitología personal, todos como imperfectos bibliotecarios, traducimos laboriosamente, reescribiendo el futuro presente, desde el populoso ángulo del Hexágono natal.


Ana María Rivera.

Buenos Aires, Agosto de 2013.

Este texto hace parte del libro en construcción

“Destino Borges”, libro de viaje, en busca del Poeta.

Mi Entrañable Señor Borges

Mi Entrañable Señor Borges

Mi Entrañable Señor Borges

A la manera de Centón, o parafraseo de la obra del autor Argentino Jorge Luis Borges, y de su texto, “Otro Poema de los Dones”, he querido simular este escrito, ahora que el mismo Borges, vindica la condición del lector, y la elevaba a la condición del poeta, considerando dicha circunstancia como trivial y fortuita.

Así, a su memoria, a veintisiete años de su partida, el 14 de Junio de 1986 y; de estar más vivo que nunca.

Mi Entrañable Señor Borges

Gracias quiero dar al divino laberinto de los efectos y de las causas por la diversidad de las criaturas que forman éste singular universo de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, unánime jardín de senderos que se bifurcan:

Por su Libro que es de arena, y sigue siendo Zahir, como la moneda, el astrolabio, la brújula, la veta de mármol.
Por el asombro donde otros dicen sólo costumbre y el callejero no hacer nada.
Por el leopardo, la tortuga, Argos, el tigre, la sierva blanca.
Por el universo que ejecuta esa serie infinita de actos concretos, antes que suene el presuroso timbre.

Por configurar el paraíso en forma de una biblioteca, la de Babel.
Por el sueño de Cervantes; el de Las ruinas circulares; de Shakespeare; de Coleridge; de Pedro Henríquez Ureña.
Por correlacionar el oriente y el occidente, que son en un día germano, la tierra de la mañana y la tierra de la tarde.

Por las Francés Haslam que piden perdón a sus hijos por morir tan despacio.
Por Bioy, Xul y Macedonio; Por el influjo de Chesterton.

Por el Idioma de los Argentinos, en el que metaforizamos casi instintivamente, queriendo no ser menos que el mundo, queriendo ser tan desmesurados como él.
Por la valerosa ignorancia del leopardo que inspira al Poeta, versos que tienen su preciso lugar en la trama del universo.

Por el verbo sagrado de Ireneo Funes.
Por Julio Platero Haedo, David Jerusalem, Pierre Menard, Herbert Quain y; los Carlos Argentinos Daneri, a su pesar.

Por el Elogio de la sombra y el yo plural , del otro Borges, el mismo, Joyce, Groussac, Mármol, Miltón, Demócrito, y Homero.
Por los Yahoos, que no admiten una causa tan lejana y tan inverosímil.
Por los versos que son revelación en la hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto.

Por la empresa atroz de Ts'ui Pên.
Por los arquetipos y esplendores: su centro, su álgebra, su clave, su espejo.
Porque, no le prodigaron en vano el océano, ni el sol de Whitman y; porque no gastó en vano los años, ni lo gastaron y; porque como Whitman y Francisco de Asís, escribió el Poema.

Por haber sido en la vana noche el que cuenta las sílabas.
Por el Oxímoron: Distraídos en razonar la inmortalidad. Imperiosa agonía. Melancólica vanidad .Vago horror sagrado.
Por Las Seis y una noches o, Las Seis noches y una noche.
Por ser el “Hacedor Inmortal, Vindicador Fervoroso, Ficcionador, Discutidor, El otro, el mismo : Fundador mítico de Buenos Aires”

Por el incesante y vasto universo que se apartaba de Beatriz, en ese vacuo primer cambio de una serie infinita.
Por la voz de padre, que llueve desde el pasado.
Por contemplar esa condición fortuita del ser del lector que puede devenir en el ser del poeta.
Por la fresca ancianidad, el joven amor de madre, las compartidas claridades y sombras.
Por haber convertido el ultraje de los días en una música, un rumor y un símbolo.

Porque sin “ímpetu de alas”, se salvó el poema: no cayó como otros de su sangre, en la batalla.
Por la mudable Luna y el maleficio de cuantos ejercemos el oficio de cambiar en palabras nuestra vida.

[Por el favorable azar que me depara un porvenir en el que usted ha llegado, y al atravesar el jardín no me ha encontrado muerta]

Por que en la última fecha abstracta, buscó el lenguaje de la divinidad; y su enunciación y su entonación y su sintaxis tuvieron nombre castellano.
Por los que a la manera de Hermann Soergel y Daniel Thorpe, han recibido en su momento, y en voz alta, la Memoria de Borges.

Mi Entrañable Señor Borges:
¿Qué Dios, perdido en el incesante futuro, aún lo sueña, con integridad minuciosa y lo impone a la realidad ?
Eso pienso mientras digo de memoria sus versos.

Ana María Rivera

MUSEO DE LA NOVELA DE LA ETERNA


"[...]Novela cuyas incoherencias del relato están zurcidas con cortes transversales que muestran lo que a cada instante hacen todos los personajes [...]"

"[...]Novela en que todo se sabe o al menos se ha averiguado mucho, para que ningún personaje tenga que mostrar a la vista del público que no sabe lo que le sucede o lo mantiene a aquel en la ignorancia por falta de confianza[...]"


AL LECTOR SALTEADO


"Confío en que no tendré lector seguido. Sería el que puede causar mi fracaso y despojarme de la celebridad que más o menos zurdamente procuro escamotear para alguno de mis personajes. Y eso de fracasar es un lucimiento que no sienta a la edad.

Al lector salteado me acojo. He aquí que leíste toda mi novela sin saberlo, te tornaste lector seguido e insabido al contártelo todo dispersamente y antes de la novela. El lector salteado es el más expuesto conmigo a leer seguido.

Quise distraerte no quise corregirte, porque al contrario eres el lector sabio, pues que practicas el entreleer que es lo que más fuerte impresión labra, conforme a mi teoría de que los personajes y los sucesos sólo insinuados, habilmente truncos son los que más quedan en la memoria.

Te dedico mi novela, Lector Salteado, me agradecerás una sensación nueva: el leer seguido. Al contrario el lector seguido tendrá la sensación, de una nueva manera de saltear: la de seguir al autor que salta".

Macedonio Fernández

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TANTALIA. EL MUNDO ES DE INSPIRACIÓN TANTÁLICA.


Primer momento: El cuidador de una plantita.

Él acaba por convencerse de que su sentimentalidad, aptitud de simpatía, que viene desde tiempo luchando por recuperar, está agotada, y en los sufrimientos de este descubrimiento cavila y halla por fin que quizá el cuidado de una plantita endeble, de una mínima vida, de lo más necesitado de cariño, debiera ser el comienzo de la reeducación de su sentimentalidad.

Ocurre que pocos días después de esta meditación y proyectos en suspenso, Ella, sin sospechar tales cavilaciones pero movida por una aprensión vaga del empobrecimiento afectivo en él, le envía por regalo una plantita de trébol.

Él resuelve adoptarla para iniciar el procedimiento entrevisto. La cuida con entusiasmo durante un tiempo y cada vez más se percata de la infinidad de atenciones y protecciones, expuestas a un descuido fatal, exigidas para la seguridad de la vida por un ser tan débil, al que un gato, una helada, un golpe, sed, calor, viento, amenazan. Se siente intimidado por la posibilidad de verla morirse un día por mínimo descuido; pero no es sólo el temor de perderla para su cariño, sino que conversando con Ella, cavilosos como todos los que están en la pasión, y más cuando en esa pasión uno decae, llegan a la obsesión de que exista algún nexo de destinos entre el vivir de la plantita y su vivir o el de su amor. Fue Ella la que un día vino a decirle que ese trébol fuera el símbolo del vivir del amor.

Empiezan a temer que la plantita muera y muera así, uno u otro, y lo que es más: el amor, única muerte que hay. Se ven sucesivamente, meditando en coloquios, creciendo el pavor a que se ven sujetos. Deciden entonces anular la identidad reconocible de esta plantita para que, eludiendo el mal presagio de matarla, nada haya identificable en el mundo a cuyo existir esté supeditada la vida y amor de ellos; y al par así, sitúanse en la asegurada ignorancia de no saber nunca si aquel existir vegetal que tan singularmente se había hecho parte en las vicisitudes de una pasión humana, se muere o vive. Resuelven, entonces, de noche, en un paraje no reconocible para ellos, perderla en un vasto trebolar.


Segundo momento: Identidad de una mata de trébol.


Pero la excitación que iba creciendo desde algún tiempo en Él, y el desencanto de ambos por haber tenido que renunciar a la comenzada tentativa de reeducación de su sensibilidad y al hábito y cariño de cuidar a la plantita que alboreaba en Él, se traduce en un acto oculto que realiza al retorno de esa labor de olvidación en las sombras. En el trayecto, sin que lo advirtiera de fijo pero con algún pulso de zozobra en Ella, sin embargo, Él se inclinó y cogió otra mata de trébol.

—¿Qué hacés?

—Nada.

Ambos se separaron al amanecer, quedando en Ella algo de sobresalto, en ambos el alivio de no reconocerse ya dependientes del vivir simbólico de esa plantita, y en ambos también la pavura que nos viene de todas las situaciones de lo irreparable, cuando acabamos de crear un imposible cualquiera, como en este caso el imposible de saber jamás si vivía y cuál era la plantita que fuera al principio obsequio de amor.


Tercer momento: El torturador de un trébol.


“Por múltiples modos y males me veo sin placeres ni de inteligencia o arte ni sensuales, que se brindan en torno. Me voy quedando sordo habiendo sido la música mi mayor goce; los largos paseos entre los cercos se hacen imposibles por mil detalles de decadencia fisiológica. Y así en las demás cosas…

“Esta plantita de trébol ha sido elegida por mí para el Dolor, entre otras muchas; ¡elegida! ¡pobrecita! Veré si puedo hacerle un mundo de Dolor. Si su Inocencia y su Tortura llegan a tanto que estalle algo en el Ser, en la Universalidad, que clame y logre la Nada para ella y para el todo, la Cesación, pues el mundo es tal que no hay siquiera muerte individual; el cesar del Todo o la eternidad inexorable para todos. La única cesación inteligible es la del Todo; la particular de que el que ha sentido una vez cese de sentir, quedando existente, cesado él, la restante realidad, es una contradicción verbal, una concepción imposible.

“Elegida entre millares, te tocó a ti serlo, serlo para el Dolor. Aún no; ¡desde mañana seré contigo un artista en Dolor!

“Durante tres días, sesenta, setenta horas el viento del verano estuvo constante oscilando dentro de un corto ángulo, fue y volvió de un acento y de una dirección a una pequeña variante de acento y dirección; y la puerta de mi habitación retenida en su batir entre el quicio y una silla que puse para acortar su oscilar, batía sin cesar, y el postigo de mi ventana golpeaba también sin cesar sometido al viento. Sesenta, setenta horas la hoja de la puerta y el postigo cediendo minuto a minuto a su distinta presión, y yo al par, sentado o columpiándome en la silla de hamaca.

“Parece entonces que yo me dije: esto es la Eternidad. Parece que fue por esto que veía yo, por esa formulación de hastío, de no sentido de las cosas, de no finalidad, de todo es lo mismo, dolor, placer, crueldad, bondad, que hubo nacido el pensamiento de hacerme el torturador de una plantita.

“Ensayaré —me repetía— sin intentar ya amar de nuevo, torturar lo más endeble e indefenso, la forma más mansa y herible de la vida: seré el torturador de esta plantita. Esta es la pobrecita elegida entre miles para soportar mi ingenio y empeño torturador. Ya que cuando fue mi ánimo hacer la felicidad de un trébol tuve que renunciar al intento y desterrarlo de mí bajo sentencia de irreconocibilidad, el péndulo de mi pervertida y descalabrada voluntad transporté al otro extremo, surgiendo de súbito en una mutación opuesta, en el malquerer, y alumbró prestamente la idea de martirizar la inocencia y orfandad a fin de obtener el suicidio del Cosmos por vergüenza de que en su seno prosperara una escena tan repulsiva y cobarde. ¡Al fin y al cabo, el Cosmos también me ha creado a mí!

“Yo niego la Muerte, no hay la Muerte aún como ocultación de un ser para otro, cuando para ellos hubo el todo amor; y no la niego solamente como muerte para sí mismo. Si no hay la muerte de quien sintió una vez, ¿por qué no ha de haber el dejar de ser total, aniquilamiento del Todo? Tú sí eres posible, Cesación eterna. En ti nos guareceríamos todos los que no creemos en la muerte y no estamos tampoco conformes con el ser, con la vida. Y creo que el Deseo puede llegar a obrar directamente, sin mediación de nuestro cuerpo, sobre el Cosmos, que la Fe puede mover montañas; creo yo aunque nadie otro creyera.

“No puedo reavivar el lacerante recuerdo de la vida de dolor que sistematicé, ingeniándome cada día en nuevos modos crueles para hacerla padecer sin matarla.

“Como por sobre ascuas tendrá que decir que la colocaba todos los días próxima e intocada de los rayos del sol y tenía la prolijidad de crueldad de alejarla con el avanzar de la mancha del sol. Apenas la regaba para que no muriera y en cambio la rodeaba de recipientes de agua y había inventado fieles rumores de lluvia y lloviznas vecinas que no llegaban a refrescarla. Tentar y no dar… El mundo es una mesa tendida de la Tentación con infinitos embarazos interpuestos y no menor variedad de estorbos que de cosas brindadas. El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un inmenso hacerse desear que se llama Cosmos, o mejor: la Tentación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea un hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta y niega. Mi consigna interior, mi tantalismo, era buscar las exquisitas condiciones máximas de sufrimiento sin tocar a la vida, procurando al contrario la vida más plena, la sensibilidad más viva y excitada para el padecer. Y logré que en esto el dolor de privación tantálica la estremeciera. Mas no podía mirarla ni tocarla; me vencía de repulsión mi propia obra; (cuando la arranqué, en aquella noche tan negra a mi espíritu, no miré hacia donde estaba y su contacto me fue por demás odioso). El rumor de lluvia sin alcanzarle su húmedo frescor hacíala retorcerse. ¡Vergüenza!

“¡Elegida entre millones para un destino de martirio! ¡Elegida! ¡Pobrecita! ¡Oh!, tu Dolor ha de saltar el mundo. Cuando te arranqué ya estabas elegida por mi ansia de atormentar.”


Cuarto momento: El amigo.


Vemos a su amigo Luis entrar a su habitación; y en el centro de ésta detenerse, pálido y hurgando todo en torno con la mirada, agitado.

—Venía a sacarte de aquí para distracción. Pero me he sentido aquí amenazado con un sufrir súbito. ¿Es que aumenta tu malestar?

Él, sentado como pasaba las horas espiando a la plantita reseca y helada entre él y la ventana, separada de la lluvia y del rayo de sol que unos días u otros podían regarla o calentarla, contestó:

—Como siempre.

Agitándose, Luis gritó:

—¿Pero quién sufre aquí? ¡Qué destrozarse, qué agonizar! Me voy a respirar.

Él, avergonzado, rojo de rubor, quedó retorciéndose. Exclamaba, mirando por donde partía Luis: Feliz de él, feliz, feliz.


Quinto momento: Nuevo sonreír.


La fórmula radical, íntima, de lo que él estaba haciendo miserablemente, era la ambición y ansiedad de lograr el reemplazo por la Nada de la Totalidad, de todo lo que hay, lo que hubo, lo que es, de toda la Realidad material y espiritual. Creía que el Cosmos, lo Real, no podría soportar mucho tiempo, avergonzándose de albergar en su ámbito una escena tal de tortura ejercida sobre un primer eslabón de lo viviente más frágil, por el mayor poder y dotación de lo viviente. ¡El hombre tiranizando un trébol! ¡Era para eso que había advenido el Hombre!

La irritación de lo rehusado después de ofrecido enloquece de perversidad a un hombre de máximo pensamiento. De ahí el martirio cobarde, el repugnante complacimiento del mayor poder en una alevosía a un mínimo existir.

Su pensamiento sabía la igual posibilidad de la Nada y el Ser, y creía inteligible y posible una sustitución del Todo-Ser por la Todo-Nada. Él, como el máximo de la Conciencia de Vida, como hombre y hombre excepcional en dotes, era quien podría en un refinamiento último de pensamiento haber hallado el resorte, el talismán que podría determinar la opción del Ser por la Nada; opción o reemplazo o “empujamiento afuera” del Ser por la Nada. Porque verdaderamente, dígaseme si no es así, si no es cierto que no hay elemento alguno mental que pueda decidir que la Nada o el Ser difieran en su posibilidad de darse en grado alguno; si no es totalmente posible que se diera la Nada en lugar del Ser. Esto es cierto, evidente, porque el mundo es o no es, pero si es, es causalístico, y así su cesación, su no ser es causable, aunque el resorte buscado no determinara la cesación del Ser, quizá otro la determinaría… Si el darse el Mundo o la Nada son de absoluta igual posibilidad, en este equilibrio o balanza de Ser y Nada, una brizna, una gota de rocío, un suspiro, un deseo, una idea, pueden tener eficacia para precipitar la alternativa de un Mundo de Ser a un Mundo de No-Ser.

Vendría un día el Salvador-de-Ser…

(Yo lo digo comentando, teorizando lo que él hizo, pero no soy Él)

Pero Ella vino un día:

—Dime, ¿qué hiciste aquella noche, porque yo sentí el opaco rumor de un desenraizar de matita, el sonido de la tierra que apaga el arrancar de una tierna raíz ¿Eso es lo que yo oí?

¡Y entonces: Él se sintió de nuevo en su natural después de una larga peregrinación tras de respuesta, y se echó a llorar en brazos de Ella y la amó de nuevo, inmensamente, como antes! Era un llanto que hacía diez o doce años no lograba derramarse, que hinchaba su corazón, que había querido hacer estallar el mundo, y al serle recordado el gritito, el murmullo abismante del dolorcillo vegetal, de pequeña raíz arrancada, ¡fue eso! lo que necesitó su naturaleza para que el llanto, desbordándose, lavara su ser todo y lo volviera a los días de su plenitud de amor… Un gritito sofocado de raíz doliente entre la tierra, así como pudo decidir hacia el No-Ser toda la Realidad, pudo entonces cambiar toda la vida de Él.

Yo lo creo. Y lo que cree todo el mundo es mucho más de lo que nuestro creer en esto —¿quién se mide en el creer?—; no me digáis, pues, absurdo temerario en el creer. Cualquier mujer cree que la vida del amado puede depender del marchitarse del clavel que le diera si el amado descuida ponerlo en agua en el vaso que ella le regaló otrora. Toda madre cree que el hijo que parte con su “bendición” ya protegido de males. Toda mujer cree que lo que reza con fervor puede sobre los destinos. Todo-es-posible es mi creencia. Así, pues.

Yo lo creo.

No me engaña el verbiario hinchado del plácido ideario de muchos metafísicos, con sus juicios fundados en juicios. Un Hecho, un hecho que enloquezca de humillación, de horror, al Secreto, al Ser-Misterio, el martirio de la Inocencia Vegetal por la máxima personalización de la Conciencia: el Hombre, por el máximo poder no mecánico. Un hecho tal, sin necesidad de verificación, meramente concebido por una conciencia humana, creo que puede estremecer hacia el No-Ser todo lo que es.

Concebido está; luego la Cesación está potencialmente causada; podemos esperarla. Pero la milagrosa re-creación de amor concebida al par por el autor, batallará quizá con aquélla o triunfará más tarde después de realizado el No-Ser. En verdad el continuo psicológico conciencial es una serie de cesaciones y re-creaciones más que un continuo.

Los he visto amarse otra vez; pero no puedo mirarlo a él o escucharlo sin súbito horror. Ojalá nunca me hubiera hecho su terrible confesión.

Macedonio Fernández.

Recitales Borges

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Video Poema "El Sueño de Pedro Henríquez Ureña"

Video Poema  "El Sueño de Pedro Henríquez  Ureña"
(Haz Click Aquí) "El Sueño de Pedro Henríquez Ureña" de Jorge Luis Borges, del libro “El Hacedor”. En la memoria y la voz colombiana de Ana María Rivera, y la música para clarinete, piano, y pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea. Video que conforma el Recital Poético “El Aleph” en gira internacional. Cámara y Edición de Audio: Alejandro Díaz-Lamprea. Edición y Dirección :Ana María Rivera

Recital Luna de Enfrente

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"El oro de los Tigres"

"El oro de los Tigres"
Dibujo de Georgie [Así le decían al niño Borges en casa]

Hasta la hora del ocaso amarillo

cuántas veces habré mirado

al poderoso tigre de Bengala

ir y venir por el predestinado camino

detrás de los barrotes de hierro,

sin sospechar que eran su cárcel.

Después vendrían otros tigres,

el tigre de fuego de Blake;

después vendrían otros oros,

el metal amoroso que era Zeus,

el anillo que cada nueve noches

engendra nueve anillos y éstos, nueve,

y no hay un fin.

Con los años fueron dejándome

los otros hermosos colores

y ahora sólo me quedan

la vaga luz, la inextricable sombra

y el oro del principio.

Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores

del mito y de la épica,

oh un oro más precioso, tu cabello

que ansían estas manos.

Jorge Luis Borges. De su libro homónimo.

Poema Video "Delia Elena San Marco"

Poema Video "Delia Elena San Marco"
En la memoria y la voz colombiana de Ana María Rivera, y la música para clarinete, piano, y pantágora, de Alejandro Díaz-Lamprea. "Delia Elena San Marco" del libro "El Hacedor" de Jorge Luis Borges, video que conforma el Recital Poético “El Aleph” en gira internacional. Cámara y Edición de Audio: Alejandro Díaz-Lamprea. Edición y Dirección :Ana María Rivera

Recital El oro de los Tigres

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"El Oro de Los Tigres"

"El Oro de Los Tigres"
Programa del Recital "El Oro de los Tigres" 2008

Recital "Luna de Enfrente"

1.La Luna (De “La Moneda de Hierro”,1976) 2. Tú (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 3. Fragmento de Las Ruinas Circulares (De “Ficciones”, 1944) 4. Al Hijo (De “El Otro El Mismo”, 1964) 5. Everything and Nothing (De “El Hacedor”, 1960) 6. Miguel de Cervantes (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 8. Casi Juicio Final (Luna de Enfrente”,1925) 9. El Amenazado (De “El Oro de los Tigres”, 1972) 10. Fragmento de “El Inmortal”(De “El Aleph”. 1949) 11. Diálogo Sobre un Diálogo (De “El Hacedor”, 1960) 12. Delia Elena San Marco (De “El Hacedor”, 1960) 13. La Trama (De “El Hacedor”, 1960) 14. Ragnarök (De “El Hacedor”, 1960) 15. Fragmento de El Informe de Brodie (De “El Informe de Brodie”, 1970) 16. La Luna (De “El Hacedor”,1960) 17. Borges y yo (De “El Hacedor”,1960) 18.Una Oración (De “Elogio de la Sombra”,1969)

María Kodama por Alejandra Crespyn A.

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Entrevista a Ana María Rivera y Alejandro Díaz-Lamprea

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